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    Descripcion:
    Naci en 1844 la pequea villa de Rcken, cerca de Ltzen y Leipzig, en lo que entonces era parte de la provincia prusiana de Sajonia. Como ese da coincidi con el cumpleaos 49 del rey Friedrich Wilhelm IV de Prusia, result bautizado con ese nombre. Era hijo de un pastor evanglico que muri cinco aos ms tarde de atrofia cerebral, lo que hizo que Nietzsche creciera en un ambiente completamente femenino, dominado por el pietismo protestante. En 1850 su madre se mud con toda la familia a Naumburg, donde vivi durante ocho aos antes de entrar a estudiar al internado de la Escuela de Pforta. Era el nico hombre de la casa, con su madre, su abuela, dos tas paternas y su hermana Elisabeth

    Al graduarse en 1864, inici sus estudios en filologa y teologa clsica en la Universidad de Bonn. Conoci al compositor Richard Wagner, de quien era apasionado admirador, en noviembre de 1868, y fueron amigos por un tiempo. En 1869, cuando apenas tena 25 aos, Nietzsche fue nombrado catedrtico de filologa clsica en la universidad de Basilea. A este nombramiento contribuyeron los trabajos filolgicos que el joven Nietzsche haba publicado antes de terminar sus estudios.

    El profesor Friedrich Ritschl de la Universidad de Leipzig tom nota de la capacidad de Nietzsche tras leer una serie de artculos excepcionales de filologa, y recomend al comit directivo de la universidad que se le otorgara su doctorado sin la disertacin requerida tpicamente. En Leipzig entr en contacto con la filosofa de Arthur Schopenhauer, que tambin influira decisivamente en la formacin de sus ideas.

    Nietzsche encontr poca satisfaccin en la compaa de sus colegas fillogos de Basilea, y prefiri relacionarse con el historiador Jakob Burckhardt, cuyas disertaciones atendi regularmente, y con el telogo ateo Franz Overbeck. Ambos seran amigos de toda la vida de Nietzsche. Su primera disertacin en Basilea fue ber die Persnlichkeit Homers (Sobre la personalidad de Homero). Visitaba con frecuencia a los Wagner en Tribschen.

    Su actividad docente en Basilea se vio interrumpida por la guerra franco-prusiana de 1870, en la que Nietzsche particip voluntariamente como enfermero, hasta que se vio obligado a regresar por causa de una disentera, enfermedad de la que nunca lleg a restablecerse del todo. As, en 1876 Nietzsche tuvo que pedir un permiso de un ao por enfermedad, y poco despus, su jubilacin; la ciudad de Basilea le pag una pensin durante el resto de su vida, hasta que muri en el ao 1900.

    Tras su jubilacin, Nietzsche pas largas temporadas en la Riviera francesa y en el norte de Italia, dedicado a pensar y a escribir. Pero sus obras no tenan el xito esperado y Nietzsche se iba quedando cada vez ms solo. A principios de 1889, en Turn, cuando ya estaba casi ciego, Nietzsche sufri una crisis de locura de la que no se recuper. Estuvo internado en una clnica de Basilea y, despus, en otra de Jena, hasta que su madre se lo llev consigo. Nietzsche vivi los ltimos doce aos de su vida en un estado de aletargamiento, bajo los cuidados de su madre y luego de su hermana Elisabeth.

    La vida de Nietzsche es la historia de quien no quiso darse por vencido. Su pattica lucha contra el destino me interesa ms que su obra. Fillogo rechazado por los fillogos, escritor sin lectores, maestro sin discpulos, lector medio ciego, pas por las pensiones y hoteluchos de media Europa, inquieto y raro como un errante y solitario rinoceronte.

    Vivi su infancia con una ensoacin de nobleza. Sus antepasados habran pertenecido a la nobleza polaca. Un conde Nietzki nunca miente dijo un da a su madre. Le exalt saber que los nobles polacos, reunidos en una gran llanura, a caballo como buenos guerreros, elegan al rey, y que el menor de ellos tena el derecho de oponerse a la voluntad de todos con su veto. Luego se invent otras genealogas: Yo no lo entiendo, pero Julio Csar pudo ser mi padre, escribi en Ecce homo.

    Su carrera arranc triunfalmente. Tena veinticuatro aos cuando se le ofreci una ctedra en Basilea. Poco despus fue admitido en el crculo de Wagner, lleno de grandeza y de trampas mortales. El mismo Nietzsche confes que all, junto a Wagner y Csima, se sinti cerca de la divinidad.

    Los momentos de gloria y de amistad fueron breves. La publicacin de El nacimiento de la tragedia provoc el rechazo de sus colegas. El alejamiento de Wagner fue ms complejo, titubeante y doloroso. Nietzsche estaba deseoso de venerar, pero la veneracin es un juez implacable y a los genios conviene mirarlos con catalejo. Su salud le impidi continuar la docencia, y su condicin de jubilado prematuro acentu el desarraigo y la soledad. Nunca tuvo un lugar. Friederich sin tierra, sin casa, sin mujer, sin amor, va de pensin en pensin arrastrando una maleta llena de papeles y partituras. En Gnova, sus vecinos le llamaban il piccolo santo. Sus libros son recibidos con total indiferencia. Los amigos se distancian de l. Uno de ellos, Erwin Rohde, le describe como alguien que llega de un pas donde no vive nadie.

    En cambio, Nietzsche suea con una comunidad de amigos dedicados al saber, un convento laico donde se hable mucho, se lea poco y apenas se escriba... Al final, le queda la fidelidad de Peter Gast y las huellas de otras antiguas amistades. Su encuentro con Lou Salom no facilita las cosas. Se enamora y es rechazado en circunstancias que bordean el drama y la comedia bufa.

    En las montaas de la Alta Engadina recupera a ratos la salud, pero all recibe tambin una revelacin que ha de ser tremenda para un ser desdichado: la idea del eterno retorno. Todo volver a suceder. Este destino le llena de horror: No quiero comenzar otra vez. Cmo podra soportarlo?. En una carta de diciembre de 1878 escribe: Parece como si nada lograra aliviarme.

    Los dolores son enloquecedores. Por mucho que uno se diga: soprtalo todo! renuncia a todo! Ah, uno termina asqueado de la propia paciencia. Lo que necesito es paciencia para soportar la paciencia!.

    Antes que escritor, mucho antes que filsofo, Nietzsche es un ser desdichado que busca la salvacin, es decir, la salud. Cuando a los cuarenta y cuatro aos decide contarse su biografa, lo repite una y otra vez: Necesito decir que soy experto en cuestiones de decadencia? La he deletreado hacia delante y hacia atrs. No contaba con nada, salvo su propia energa. Por eso se aferra a ella, o a la idea que de ella se inventa, como el nufrago al salvavidas: Me puse a m mismo en mis manos, yo me san a m mismo. Convert mi voluntad de salud, de vida, en mi filosofia. Sin tener en cuenta estas palabras no creo que pueda entenderse su obra.

    Contar slo con las propias fuerzas conduce a oponerse a la inclemencia de la realidad. Tengo que dar un paso ms con estos pies cansados y heridos y, fatalmente, contra las cosas ms bellas que no supieron retenerme, me revuelvo ferozmente porque no supieron retenerme!. Aqu descubro el origen de la violencia de su estilo y de sus afirmaciones.

    Para quien se siente frgil, la energa es una difcil tarea. Hay que ser fuerte!, grita una y otra vez obstinada, desaforada, desesperadamente. Por qu tan duro - dijo en otro tiempo el carbn de cocina al diamante - ; no somos parientes cercanos? Por qu tan blandos? Oh hermanos mos, as os pregunto yo a vosotros. Por qu tan blandos, tan poco resistentes y tan dispuestos a ceder?, escribe en As habl Zaratustra. Y ste es un tema recurrente en la obra de Nietzsche. Es necesario no haber sido nunca complaciente consigo mismo. Es necesario contar la dureza entre los hbitos propios para encontrarse jovial y de buen humor entre verdades todas ellas duras. Nada hay tan malo como la debilidad. El error no es ceguera, es cobarda. Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del valor, de la dureza consigo mismo.

    Asi se adquiere la gran salud; una salud nueva, una salud ms vigorosa, ms avispada, ms tenaz, ms temeraria, ms alegre que cuanto ha sido hasta ahora cualquier salud, escribe mientras slo puede tomar leche durante semanas, y tiene que permanecer en su habitacin a oscuras para proteger sus ojos enfermos. Pero la receta no cambia: Endureceos, la ms honda certeza de que todos los creadores son duros es el autntico indicio de una naturaleza dionisiaca.

    Esta obsesiva lucha por la salud, por librarse de los lazos de la decadencia, es lo que convierte las violentas prdicas de Nietzsche en patticas voces de nimo. El hombre que pide a Rohde: Envame una palabra de consuelo; el que escribe a Peter Gast: No soy capaz de viajar solo. Todo me afecta estpidamente, todo me agita demasiado. Cuando habla del superhombre est slo dndose nimos. Considerar la narracin de su lucha por la supervivencia como filosofa ha sido una injusticia para Nietzsche, y tambin para la filosofa.

    Los huspedes del albergue de Sils Marie donde se alojaba trataban con simpata a aquel profesor solitario, educado, puntual y amable. Nietzsche se sentaba con frecuencia al lado de una seora inglesa, de salud delicada, que pasaba largas horas sentada al sol. S que es usted escritor, seor profesor - le dijo un da -. Me gustara conocer sus libros. La respuesta de Nietzsche es de un patetismo conmovedor: No, no quiero que los leis. Si hubiera que creer lo que escribo, una criatura que sufre como usted no tendra ningn derecho a la existencia.

    Los primeros das del ao 1889 salieron de Turn unas cartas enigmticas. La que recibi Peter Gast deca: A mi maestro Piero. Cntame un cntico nuevo. El mundo es claro y los cielos se alegran. EL CRUClFICADO. La que recibi Csima Wagner deca: Ariadna, te amo. DIONISO. El firmante de ambas era Friedrich Nietzsche, que haba perdido la razn para siempre.

    UN da, varios meses despus, la mirada vaca de Nietzsche se detiene en un libro que su hermana acaba de leer. Como si su vida anterior le hiciera un ligero guio desde lejos, le pregunta: Antes yo tambin escriba bonitos libros, verdad?.

    En el centenario de la muerte de Nietzsche puede ser oportuno el recuerdo de lo que cierto da apareci en la prensa: Dios ha muerto. Firmado: Nietzsche. Al da siguiente en el mismo peridico, apareci esta otra esquela: Nietzsche ha muerto. Firmado: Dios.

    Adnde se ha ido Dios? Nosotros le hemos matado. Todos nosotros somos sus asesinos... Cmo hemos sido capaces de beber el mar entero? Quin nos ha dado la esponja con que hemos podido borrar el horizonte entero? Qu hemos hecho cuando desprendimos la Tierra del Sol? Hacia dnde se mueve ahora? Hacia dnde nos movemos nosotros, Nos estamos alejando de todos los soles? Es que nos estamos cayendo, incesantemente? Hacia detrs y hacia todos los lados? Hay adems un arriba y un abajo? No vagamos perdidos en la infinitud de la nada? No sentimos en nuestro rostro el vaho del espacio vaco? No sentimos que va aumentando el fro? No se va acercando la noche, continuamente, una noche cada vez ms densa?... (Die Frhliche Wissenschaft, nmero 125)

    Pero enseguida presenta su plan de reconversin de la humanidad. Se trata de colocarse en lugar del Creador y convertirse en superhombre, capaz de recrearse con la voluntad de poder, enfrentarse con el vaco inmenso de la nada que la muerte de Dios deja y atreverse crear valores inditos, ms all del bien y del mal.

    Dios ha muerto! Y somos nosotros los que le hemos matado!... No son demasiado grandes para nosotros las proporciones de esta accin? No deberemos convertirnos en dioses para hacernos dignos de ella? Nunca hubo accin alguna ms grande y todos los que nazcan despus de nosotros pertenecern a una poca histrica superior a todas las que ha habido hasta ahora, gracias a esta accin... Este terrible acontecimiento est todava en camino y marcha hacia adelante (Die Frhliche Wissenschaft, nmero 125).

    Ahora bien, la historia demuestra que no ha sido Dios el muerto, sino Nietzsche. Sin Dios no hay Absoluto. Todo es relativo. Bien y mal son palabras huecas. Haz el mal, vers como te sientes libre, dice uno de los hroes de Le Diable et le bon Dieu. J. P Sartre se propuso la aventura de inventar valores, puesto que el principio absoluto de su discurso es la dogmtica negacin de Dios con el fin de afirmar una libertad humana absoluta.

    Jean Paul Sartre reconoce que si Dios no existe, los valores no estn fijados de antemano. Hay que inventarlos. Quin ser el inventor? Puesto que yo he eliminado a Dios Padre, alguien ha haber que fije los valores. Pero al ser nosotros quienes fijamos los valores, esto quiere decir llanamente que la vida no tiene sentido a priori. Y aade Sartre: no tiene sentido que hayamos nacido, ni tiene sentido que hayamos de morir. Que uno se embriague o que llegue a acaudillar pueblos, viene a ser lo mismo. El hombre es una pasin intil, y el nio es un ser vomitado al mundo, la libertad es una condena.

    La muerte de Dios es la muerte del hombre. Slo cabran valores inventados, sin realidad, sin eficacia. Entre los valores inventados y los valores reales habra la misma diferencia que entre una piedra pensada y una piedra real. Con una piedra real se puede construir un enorme edificio; con una piedra pensada nada puede romperse, ni edificarse en la realidad. Es el absurdo, lo impensable, lo que no puede ser en absoluto.

    En Europa, a fines del siglo xix, emerge una nueva imagen del hombre. En el plano psicolgico, esta afirmacin es fcilmente demostrable. La psicologa de entonces amalgamaba los siguientes ingredientes:

    1. La vida psquica se compone de una serie de elementos, tales como la sensacin, la percepcin, la representacin, etc., los cuales desempean dentro de la psicologa el mismo papel que los otros elementos en la fsica.

    2. Las uniones entre tales elementos se establecen merced a las asociaciones. La ley de las asociaciones vena a ser, en el campo de la psicologa, lo que la gravitacin universal en el campo de la fsica.

    3. La personalidad humana es una resultante de la combinacin de aquellos elementos, manejados por estas leyes ensambladoras. La correlacin con los conceptos de materia y energa en el mundo fsico es evidente.

    Hasta qu punto resulta de ah una psicologa? Hagamos la prueba. Tratemos de definir a Napolen o a Beethoven por estas cualidades, y el fracaso es seguro. Kraepelin distingua como propiedades fundamentales de la persona la facultad de entrenamiento, la excitabilidad y la propensin a la fatiga. A pesar de su ambigedad, constitua el anlisis de Kraepelin un intento de buscar mayor especificidad a la descripcin psicolgica de una persona. Cada hombre tiene un umbral distinto de fatigabilidad o de excitabilidad, o su capacidad de entrenarse es mayor o menor; pero aun con esta precisin, nos quedamos con diferencias demasiado genricas para poder recortar un perfil individual.

    Hace poco tiempo me hallaba conversando con uno de los ms grandes financieros de nuestra poca. Hombre que de la nada haba logrado acumular una fortuna colosal. Me interesaba su personalidad psicolgica, porque su genialidad en este aspecto era segura y universalmente reconocida por amigos y enemigos. Me contaba sus comienzos: tena una memoria portentosa. Una vez, en una sesin borrascosa de una gran Compaa, fue capaz de repetir una larga serie de complicados balances de memoria, que slo haba ledo apresuradamente la noche anterior. Relataba esta y otras ancdotas como quien muestra un secreto vigoroso de su personalidad. Por mi parte, le cont el caso de un famoso calculista que yo haba tenido en el Manicomio de Valencia y que realizaba portentos; sin embargo, era un dbil mental. Se qued impresionado y desencantado de su habilidad. La memoria prodigiosa para los nmeros jams en su vida haba tomado una nota, a pesar de las complicadsimas cuestiones de sus negocios era slo un ingrediente, ni siquiera esencial, de su personalidad. Como no lo era tampoco su tesn casi rayano en la testarudez ni su acometividad, ni tantas otras cualidades importantes. Se obtena as un mosaico ms o menos caracterstico, pero el enigma de su personalidad segua indescifrable. Es que la personalidad no es ms que un resultado, una constelacin de factores? Nietzsche comenta la seguridad de la memoria, y en un dilogo dramtico entre la memoria y el orgullo nos muestra cmo la personalidad es, ante todo, un drama, unin de contrarios, dialctica interior. Esto lo he hecho yo, dice la memoria. Esto no lo puedo haber hecho yo, dice el orgullo, y se queda impvido. Finalmente, vence el orgullo. Es decir, aquello que constituye lo que podramos llamar los materiales de una personalidad no es lo que la define. Los materiales, como los rganos del enfermo o las piedras de un edificio, son imprescindibles. Varan tambin en su calidad: existen hombres con mejor o peor memoria, o con mejor o peor agudeza visual, o con un tiempo de reaccin ms o menos largo, pero lo esencial es el modo de utilizarlos. En este modo se halla la clave de la personalidad.

    Los materiales, pues hay que conformarlos y que moverlos. Este moverlos supone las cualidades dinmicas de la personalidad. Sobre ellas dirigi Nietzsche su agudo pensar analizador. Cules son los mviles de la personalidad? El descubrimiento esencial para l fue que la personalidad no se manifestaba como era: los mviles son muy distintos de la conducta que aparece. Desde un punto de vista psicolgico, esta distincin significaba la dehiscencia de las cualidades psicolgicas en primarias y secundarias. Existen unas cualidades aparentes, las de conducta, que no son las ms caractersticas. Se puede parecer valiente por muchos mviles: unas veces por serlo y otras, incluso, por pura cobarda. La cobarda ha sido la madre de muchas acciones heroicas. Esta hipocresa constitutiva de la personalidad exasperaba a Nietzsche. Y le exasperaba hasta el extremo de creer que el cristianismo no haba trado virtudes primarias al mundo, sino slo el resentimiento de los dbiles. Esta debilidad era encubierta por el cristiano con sus supuestas virtudes. La falsedad de esta tesis de Nietzsche ha dado lugar a unas de las mejores pginas de Scheler.

    La hipocresa psicolgica de la personalidad impone, como primera tarea, la del desenmascaramiento. Este proceso de revelacin de los mviles internos estaba tan en la lnea del tiempo, que el psicoanlisis no ha hecho sino elevar sobre el mismo su gran construccin terica. Porque si a Nietzsche le preocupa la inmoralidad de la hipocresa, a Freud le preocup la insanidad de la misma. Enmascarar los propios mviles es crear una neurosis; las fuerzas reprimidas trabajan en profundidad y socavan el edificio de la personalidad.

    Existe en el fondo de la persona un impulso primordial, de naturaleza biolgica. Este gran impulso es el que mueve toda la estructura psicolgica, y por eso le concede carcter. Nietzsche simboliz este impulso en el viejo mito dionisiaco.

    Dionysos es la fuerza creadora e impulsora de la cultura humana. Dioniso simboliza la instintividad de la persona humana elevada a mito. He aqu otra gran zona de contacto entre Nietzsche y Freud. Ambos, frente a la vieja concepcin psicolgica del hombre, gris y anodina, rasgan el velo y le muestran en toda su primaria elementalidad.

    Antes de Nietzsche el arquetipo de la persona humana era armnico. Los griegos suponan que el ideal del hombre se hallaba en lograr una mezcla adecuada en el temperamento. Ni demasiada humedad, ni demasiado calor, etc. Este ideal armnico de la persona persisti en el cristianismo en otra forma. El cristiano sabe que el hombre es una especie de corriente presta a desbordarse; tiene que contenerla, y en eso le ayuda el cultivo de sus virtudes. Dejando aparte la ayuda de Dios, en el plano puramente humano, el ser cristiano se halla formado por las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

    En la poca de la Ilustracin, persiste en otra forma el mismo equilibrio. En Wolff, padre de la psicologa moderna, se encuentra claramente expresada; pero todava es ms neto este pensamiento en Leibniz, que traslada al plano del hombre la idea de la armona prestablecida. Es Nietzsche quien rompe el equilibrio. No hay que buscar kalokagatha, como los griegos; ni templanza, como los cristianos; ni armona, como el ilustrado, sino el cultivo unilateral de las fuerzas biolgicas de la instintividad. Dioniso contra la templanza. El hombre empieza a ser vctima de una tremenda deformacin.

    Un punto importante en la psicologa de Nietzsche es su eco darwinista. En el fondo, tanto en Darwin como en l, alienta la idea del progreso indefinido, en cuya entraa late un sentimiento optimista. El optimismo le llev a la concepcin del superhombre. Frente al pesimismo de Schopenhauer, con su necesidad de salvacin, y frente al mismo ideal artstico que Nietzsche ve plasmado en la personalidad de Wagner, se levanta la voluntad de vivir. En la lucha por la existencia mueren los dbiles.

    Su anlisis del modo como enmascaramos nuestro modo de ser ante nosotros mismos ha quedado como adquisicin definitiva en la psicologa. El ancestral delirio (uralter Wahn) de conocerse a s mismo tropieza con obstculos invencibles. De los dems estamos demasiado distantes y de nosotros mismos demasiado prximos para tener la necesaria perspectiva. En el juicio que hacemos sobre nosotros mismos intervienen directamente las sugerencias que nos hacen los dems, lo cual es una especie de cobarda. El juicio lleva implcita una decisin: hay quien est siempre descontento de s mismo y, por tanto, dispuesto siempre a encolerizarse contra los dems. Para la vida en comn es imprescindible una especie de autosatisfaccin personal; de este modo se evitan los rayos de la clera. Vase aqu la tremenda paradoja nietzschiana: el hombre bueno, amable con sus semejantes, es el que carece de humildad. La falta de una virtud ntima se convierte en una virtud social. El t antes que el yo, la gran verdad nietzschiana, se encuentra aqu trasvasada al plano tico de las relaciones del hombre con la comunidad. Psicolgicamente, es cierto que el yo se descubre por contraste con el t: apenas puede hablarse de una anterioridad en el tiempo. Esta misma ligazn gentica es la que a su vez engendra en el hombre el sentimiento de comunidad. Pero la participacin en la comunidad no se hace slo a travs del cendal negativo del aparecer. Existe una comunicacin activa y cordial. El ser necesita del otro ser, y ambos participan en la gran comunin de los sentimientos.

    El hombre pasa por la vida, como un fantasma, envuelto en la niebla de las opiniones de los dems y de las suyas propias. La manera de evadirse de este papel fantasmal y tropezar con la realidad es acudir a la piedra de toque de la personalidad, que no es la del ser uno mismo, sino hacerse a s mismo. sta es la mxima posibilidad humana. En el hombre se hallan unidos creador y criatura. El primer paso para lograrlo es el dominio de s mismo, que no debe llegar al aniquilamiento de sus fuerzas vitales y radicales. Los griegos supieron hallar en este punto el trmino medio. Tomaron lo que en el hombre hay de demasiado humano como inevitable y lo canalizaron; le dirigieron una invitacin moderada a participar en el banquete de la vida. Pero si en los griegos este punto de humanidad se hallaba en el centro, en un buen trmino medio, en Nietzsche se encuentra desplazado hacia un extremo: el polo dionisiaco.

    Desde un punto de vista histrico es difcil discernir cundo los grandes aciertos del pensamiento se deben a un solo autor y cundo ste no hace sino expresar lo que est difundido en la colectividad. Probablemente intervienen ambos mecanismos. No cabe duda acerca de que, en el caso de Nietzsche, sus frmulas han sido los lemas de Occidente durante estos ltimos tiempos, y an persiste el eco de su validez. La necesidad, concebida biolgicamente, de formarse a s mismo ha sido un imperativo ms obedecido que el imperativo kantiano. Formulado as, es la anttesis de la ley de la caridad.

    Nietzsche profundiz en la psicologa del dioniso que llevamos cada cual en nosotros mismos: la instintividad. No hay un nmero determinado de instintos, sino un conjunto indescifrable, en el cual el intelecto asla unos cuantos, ponindoles nombre. La vida cotidiana est montada sobre la palestra instintiva; pero en su desarrollo tropieza con resistencias. Cuando un instinto tropieza con algo que se opone a su satisfaccin en el mundo se vierte al interior. La intimidad del hombre, flaca y enteca al principio, se enriquece de esta manera. Los instintos reprimidos, unas veces impulsan el poder creador del hombre y otras lo falsifican y deforman.

    Muchos instintos se satisfacen con ilusiones. Slo el hambre no admite esta satisfaccin ilusoria. Los sueos tienen la misin de compensar las exigencias insatisfechas del da. Las experiencias que tenemos durante el da tienen tambin la huella del ensueo metida dentro. Por eso nos movemos entre smbolos. Vivir es, pues, en alguna manera, poetizar. Los instintos pueden descargar por vas falsas cuando les falta su va natural de satisfaccin.

    El alma tiene su cloaca personas, cosas donde descargar sus detritos instintivos que, de otra suerte, le produciran una tensin insoportable. El hombre que fracasa echa la culpa de su fracaso a otros y, sobre todo, a su mala voluntad. Los instintos se subliman. Cuando un instinto se intelectualiza, recibe un nombre nuevo, un nuevo encanto y una nueva valoracin. Se le coloca frente a los otros impulsos como en contradiccin con ellos. El instinto sexual es capaz de grandes sublimaciones. Platn opinaba que el amor la filosofa era un instinto sexual sublimado. La sublimacin es, para Nietzsche, una especie de metamorfosis del instinto, y se realiza por su fuerza propia, sin intervencin de la parte espiritual de la persona. Y, sin embargo, el instinto, al sublimarse, traspasa el plano de lo biolgico para emerger en el espiritual.

    El olvido es un ingrediente activo de la vida. No es que el tiempo corroa nuestros recuerdos, sino que algo hay en el ser vivo que le hace forzosa y positivamente olvidar. El olvido est en relacin con la capacidad de desarrollo, de autotransformacin del hombre. El hombre que no olvidase quedara petrificado, como un acmulo inmvil de recuerdos. Llegara a no existir en el presente, a convertirse en una pura sombra histrica.

    Como se ve, los puntos de vista de Nietzsche estn prximos a los de Freud. El descubrimiento del Dioniso nietzschiano podramos compararlo al descubrimiento del ello freudiano. Lo que esta revelacin produjo en un mundo liso y sin complicaciones, como el mundo victoriano, es fcil de adivinar. En la intelectualidad europea predominaba entonces la imagen goethiana del hombre, plcido y armnico, heredero de la imagen clsica. Los romnticos no haban logrado quebrarla. Slo Nietzsche, como un vendaval, se enfrent con ella y la arras. La vida encendi su antorcha y amenaz con convertirlo todo en cenizas.

    La exaltacin dionisiaca llev a Nietzsche al nihilismo, a la destruccin de todos los otros valores que no fueran los vitales. Aquello fue una borrachera. En la lucidez de la maana que es la hora actual, el hombre contempla, dolorido, los destrozos del vendaval. El mito de los valores biolgicos ha quemado su etapa.

    Hacia dnde camina o, mejor, vuela el hombre nietzschiano? Hacia el medioda dionisiaco de su borrachera de felicidad. No se puede descifrar la doctrina del superhombre sin tener ante los ojos esta clave para su comprensin. Zarathustra anunci el gran medioda: Sieh, doch, still! Der alte Mittag schlft, er bewegt den Mund; trinkt er nicht eben einen Tropfen Glck, einen, alten braumen Tropfen goldenen Glcks, goldenen Weins?

    En el gran medioda se tiene la vivencia de la eternidad en el momento; es un paso en el que la vida se detiene. Pasmo orgistico. Al mismo tiempo, el ser se siente realizado a s mismo de una manera plena, completa, csmica. Pero cmo es esa felicidad? En las mismas palabras de Zarathustra se adivina. No es la felicidad habitual llevada a un grado mximo; no se trata de una vivencia filistea, sino de algo nuevo y distinto. Esta felicidad, diferenciada por su calidad tiene, segn las propias palabras de Nietzsche, un regusto extrao: las viejas gotas pardas de la felicidad dorada. No es una felicidad alegre y etrea, sino grave y profunda. En el pasmo de esa borrachera el tiempo se detiene; el momento presente se dilata tan extremosamente, que se pierde la perspectiva del pasado y del futuro. Ese presente dilatado se vive de otra manera que el presente cotidiano, puesto que es un facsmile de la vivencia de la eternidad. El tiempo que no corre es el tiempo intemporal.

    Pero he ah la profunda paradoja: borrachera dionisiaca y eternidad. La borrachera con algo de grave y lgubre en ella misma. La eternidad como suspensin; el hombre nivelado, suspenso de un hilo sin anudar en sus extremos. Se trata de vivencias existenciales y que, por tanto, no pueden negar el carcter especfico de la existencia humana. Lo que hay de lgubre en la alegra dionisiaca, lo que hay de inseguro en el pasmo, es la reduccin del ser de s mismo. Y el ser, cuando est solo, se angustia. El gran medioda de Nietzsche se extiende sobre la arena de la angustia:

    Cuando se est angustiado el tiempo transcurre lentamente; y cuando se est muy angustiado aun el mismo instante se hace lento; y cuando se est mortalmente angustiado el tiempo acaba por detenerse. Querer correr ms de prisa que nunca, y no poder mover ni un pie; querer comprar el instante mediante el sacrificio de todo lo dems, y saber entonces que no se halla en venta, pues esto no depende de la voluntad o del movimiento del individuo, sino de la misericordia divina.

    El medioda nietzschiano se funde un poco enigmticamente, con el eterno retorno. En el gran medioda se siente no slo la expansin perfecta del ser, sino la del mundo: rund und reif (redondo y maduro). Ser y cosmos se enlazan como un crculo mgico. El mundo redondo despierta la imagen del crculo, que a su vez simboliza el eterno retorno. En lugar de una visin progresiva de la Historia y de la vida, priva en este mundo nietzschiano una visin reiterativa. Antes del medioda el mundo crea, luego viene la gran paz y luego el descanso; al anochecer, la vida vuelve a recobrar sus formas: deseos, mentiras, olvidos, goces, aniquilamientos. Es decir, lo que pasa es activo y febricitante, ms an que la maana misma. Esta sstole y distole vital se parece a los procesos orgnicos; slo que en Nietzsche se sobrevalora la pausa, el medioda. Tanto se parecen, que la gran pausa no puede lograrse activamente, con un esfuerzo de voluntad, sino que hay que esperar pasivamente, como un xtasis.

    Es extrao cmo llega Nietzsche a enlazar la vivencia del medioda con la del eterno retorno. Dos puentes se adivinan: uno metafsico y otro psicolgico. El eterno retorno supone destruccin de la finalidad en la Historia y tambin causalidad. La Historia es un automatismo biolgico. Dios no hace falta para nada. El eterno retorno es el punto critico de la Historia. En el momento en que aparece este pensamiento cambia el color y no hay otra historia. Todo pasa, todo vuelve; eternamente corre el ao del ser... Por qu conceda Nietzsche tanta importancia a este pensamiento? A ello da l mismo respuesta, puesto que con este pensamiento ha vencido, por fin, la muerte de Dios y la nada.

    El puente psicolgico es el siguiente: el gran medioda es una vivencia. En muchas partes de los escritos de Nietzsche se ve descrita esa hora en la que el sol en su cenit cae a plomo sobre la Tierra, el viento se detiene y no hay ms que un silencio inundado de luz. Las imgenes adquieren entonces un matiz especial; parece como si se esencializaran, perdieran su valor concreto y pegado al momento. El tiempo se dilata y el espacio se impersonaliza. Con frecuencia se tiene entonces la vivencia del ya visto; es decir, de que antes de aquel momento se contemplaba idntico paisaje. Esta dilatacin de la personalidad en la hora del medioda es una forma de despersonalizacin. La imagen exterior adquiere una cualidad especial desconocida, por fusin, quiz con otras notas internas. En ese momento, imagen, percepcin y representacin forman un todo nico. Esto ya lo he visto yo otra vez. No hay nada nuevo en el mundo; todo vuelve impulsado por la noria incansable del tiempo.

    En el gran medioda se engendra el superhombre. Es una vaga idea, que no llega a cristalizar en forma definida. El hombre est entre el animal y el superhombre; pero ste, en definitiva, es una condensacin biolgica. Crear un ser superior a lo que somos nosotros mismos es nuestra esencia. Crear algo ms que nosotros mismos! Es el instinto fecundante, el impulso a la accin y al trabajo. Esta fuerza desplegada se mantiene, como se ve, en el plano biolgico. Y sta es, de nuevo, la tremenda y abismal paradoja de Nietzsche, que quiere crear una forma nueva y se mantiene en el plano de la vida sin trascendencia espiritual.

    Dioniso, la personificacin de su propia vida reformada, no es un dios a quien se presta culto, sino una fuerza biolgica que se despliega y tambin se aniquila con sagrado furor. Dioniso, el superhombre, el eterno retorno, el gran medioda, todos los temas nietzschianos emanan del plano vital y en l se quedan. A pesar de la apariencia que les presta su considerable vigor potico, el hombre resulta en ellos desprovisto de su ms alta sustancia. Biolgicamente pleno, pero no humanamente pleno. En la embriaguez dionisiaca del medioda se expresan vivencias que, si quisiramos hallar un correlato con las del hombre normal, son vivencias txicas. El hachisch, la mescalina ensean al hombre la gran dilatacin esttica del tiempo, que se vive como eternidad, y la inspiracin de las propias imgenes, que vuelven una y otra vez, como arquetipos obsesivos. La personalidad se dilata en un plano biolgico, pero se desprende de sustancia humana, como el globo que echa lastre para poder navegar.

    En definitiva, Nietzsche no ha dibujado la perspectiva del superhombre, sino otra especie de subhombre. No es el mismo subhombre filisteo que no tiene otra experiencia que la del medioda banal, que trae slo la pequea felicidad. No es tampoco el subhombre freudiano que cristaliza slo en torno a la sexualidad. Es otra especie distinta, biolgicamente ms noble. Incluso la ms noble que se puede concebir en el plano de la pura vida, ya que asienta sobre la expansin de la accin, de la voluntad de poder, del inmenso deseo de obrar. En Nietzsche estaba encendida como un mensaje:

    Encenda todo lo que tocaba, pero todo se le tornaba en ceniza. La esencia humana se le escapaba, aunque alguna vez, como antes hemos visto, reclamaba su derecho a existir. La imagen del hombre que nos ha dado Nietzsche es, evidentemente, incompleta, en medio de su riqueza.

    No puedo dejar mi oficio de lado. Apenas se encontrar, entre los personajes histricos, caso ms apasionante que el de la enfermedad de Nietzsche. El 8 de enero de 1889 lleg Overbeck a Turn para recoger al enfermo y llevarlo a casa. Haba escrito unas cartas a Heuler y Burckhardt tan extraordinarias, que creyeron que deban ensearlas a un psiquiatra. El consejo fue claro y terminante: el autor de las cartas estaba enfermo, gravemente enfermo, y era necesario intervenir inmediatamente. Das despus, su madre lo recoga en Basilea y lo llevaba a la clnica de Jena. La demencia de Nietzsche fue progresando, pero vivi hasta 1900. ste es el perodo ms conocido de la enfermedad de Nietzsche y, a mi modo de ver, el menos interesante. Estaba lleno de ideas delirantes. Con toda probabilidad se trat de una parlisis general. No es seguro que lo fuera, porque entonces no se practicaba la puncin lumbar y no se tenan a mano los medios diagnsticos actuales. El curso fue, en todo caso, atpico. Pero desde que explot la enfermedad ces la productividad de Nietzsche.

    El perodo verdaderamente interesante es el que precede a la explosin de la enfermedad. En todo caso, sta era exgena y no ligada sino muy indirectamente a la constitucin del enfermo. En 1873 empieza en Nietzsche un ataque de dolor de cabeza con fotofobia, vmitos, con sensacin de parlisis y estados vertiginosos. Incluso tena episodios de desmayo o prdida de conciencia de larga duracin. Antes haba padecido una disentera que alguna vez volvi en forma de dolores gstricos. De pequeo era miope, y la miopa le incrementaba, indudablemente, el dolor de cabeza. Estas molestias le acompaaron durante toda la vida. Los bigrafos las han calificado de jaquecas; algunos han pensado en una neurosis o trastornos psicosomticos como secuela de su rompimiento y polmica con Wagner. A consecuencia de la enfermedad, resigna su ctedra en Basilea en 1879.

    En 1880 se inicia un nuevo perodo de su vida. Empieza a descubrirle un sentido especial, su propio mensaje. Esta transformacin es muy manifiesta en los aos 81, 82 y 83. Leyendo sus cartas en orden cronolgico, se advierte el cambio. Su humor es ms vivo, su productividad mejor, sus pensamientos vuelan como aves ligeras, etc. Mis amigos, los que saben ms de mi vida, dicen que, si no soy el hombre ms feliz, soy, al menos, el ms animoso... Mi aspecto es excelente; mi musculatura desarrollada por las marchas, es como la de un soldado; el estmago y el vientre estn en orden. Mi sistema nervioso se encuentra, teniendo en cuenta la extraordinaria actividad a que est sometido, en estado excelente, muy fino y muy fuerte. Es evidente, por este y otros textos, que Nietzsche se hallaba entonces inundado de vitalidad. Estas fases se interrumpen por otras depresivas que le duraban semanas y meses. En ellas hablaba (1876-1880) del desierto de su pensamiento. ste era menos fluido, pero ms objetivo y ordenado. Estas oscilaciones le atormentaron. Los tres primeros libros de Zarathustra los escribi en diez das, y a ellos sigui un perodo de vaco y melancola en el que escribir le resultaba penoso.

    Un problema no fcil es el de interpretar estas fases. Algunos bigrafos han pensado que no eran ms que los prdromos de la enfermedad que haba de estallar despus. Esta es una idea errnea y contra toda experiencia clnica. Aun en el caso en que una parlisis general provoque una fase melanclica, esto ocurre poco antes de la explosin de la autntica parlisis. A mi modo de ver, esta fase con la que se enlaza es con la anterior, y forma el verdadero terreno biolgico de la personalidad de Nietzsche. En l existen unas alteraciones de la vitalidad en sentido positivo y negativo, como exaltacin y depresin de los sentimientos vitales. En mis trabajos he tratado de mostrar las ntimas relaciones que existen entre la patologa de la vitalidad y otras crisis patolgicas, como las jaquecas, las crisis organoneurtico-gstricas y los propios desmayos, como los que tuvo Nietzsche.

    Cuando se estudia la influencia de esta constelacin patolgica sobre su obra, conviene una advertencia previa. El valor de la obra hay que juzgarlo en s y no en relacin con la patologa. La obra literaria o artstica demuestra objetivamente su valor. Y esto ocurre en Nietzsche, como en Hlderlin o en Basterra. Si omos un brillante discurso, poco nos importa que el orador haya bebido previamente un vaso de agua o una copa de coac: lo importante es que el discurso sea brillante.

    Aparte de ello existe, sin embargo, la posibilidad de estudiar los mecanismos psicolgicos o psicopatolgicos que intervienen en la gnesis de la obra de arte. El conocimiento de esto puede ayudarnos a comprender mejor o atribuirle un sentido especial, aparte de lo que supone de riqueza de conocimientos del alma humana. En Nietzsche nos encontramos con el perodo, tras la declaracin de su enfermedad, en que no produjo escrito alguno; puede ser que en los inmediatamente anteriores se entrevea. Pero ste no es el problema ms importante. Como tampoco lo es que su miopa le obligara a dictar, con lo cual sus escritos toman entonces un carcter ms aforstico.

    La verdadera riqueza se la da a Nietzsche su experiencia sobre el propio ser de los perodos de hipervitalidad. Con un poco de creencia supersticiosa, apenas podra rechazar la idea de ser encarnacin, altavoz o medio de fuerzas todopoderosas. La idea de revelacin en el sentido de que sbitamente algo se vuelve visible o audible, con enorme seguridad, algo que le conmociona a uno, describe el hecho. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quin da; como un relmpago se ilumina el pensamiento, con la propia forma sin titubeo, sin eleccin.

    Junto a esos momentos de exaltacin existen otros de depresin en que le parece que su cabeza va a estallar, que lleva una vida peligrosa porque pertenece al grupo de mquinas que pueden romperse. Mi sentimiento... tiene tan fuertes explosiones, que basta un momento para cambiarme totalmente en un enfermo. stas son experiencias de la serie angustiosa. Como he descrito en otra parte, la angustia vital se manifiesta por esa vivencia de que el yo o la personalidad va a estallar. En Nietzsche predominan como elaborados productivamente los momentos de exaltacin vital.

    Toda la doctrina del medioda corresponde a vivencias propias; tras el gran plano de la exaltacin se esconde aqu y all la angustia, pero sobre sta no ha lanzado su mpetu creador. En este sentido, Nietzsche es la anttesis de Kierkegaard. No sabemos, ni es posible colegir actualmente con seguridad, si su atraccin por el polo positivo es porque ste predominaba. Es probable que as fuera; pero en todo caso esto sera una manifestacin ms de la fuerza creadora del espritu, que elige un tema en cualquier rincn de las propias experiencias.

    En la exaltacin dionisiaca del medioda es posible que intervenga la experiencia txica del propio Nietzsche. Por los datos contenidos en su biografa; parece que tom hachs, aparte de todo un botiqun ambulante de calmantes que le acompaaban en sus viajes. Se ha pensado en que su proceso orgnico de 1888 fuera una psicosis txica, pero esto no parece, en modo alguno, probable. En cambio, s lo es que tratara de alisar sus oscilaciones de la vitalidad con pcimas diversas. Y que, como Baudelaire, conoca por propia experiencia ese minuto inextenso, de puro dilatado, que se vive en la exaltacin txica.

    No es extrao, pues, que Nietzsche, tan sujeto al propio destino de su carne, predicase el mensaje vital del hombre. Con todo el patetismo y la fuerza creadora de la vitalidad, y tambin con todas sus limitaciones. Nietzsche fue el gran poeta de la vitalidad, y su mensaje era nuevo porque vena a romper el imperio del hombre sometido a la fsica de sus elementos y sus asociaciones. En este sentido, su mensaje fue total y absolutamente nuevo, pero inhumano, francamente inhumano.

    abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así: «¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!

    Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

    , como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande! ¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias! ¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.

    1)-  Así habló Zaratustra reproduce literalmente el aforismo 342 de La gaya ciencia; sólo «el lago Urmi», que allí aparece, es aquí sustituido por «el lago de su patria». El mencionado aforismo lleva el título Incipit tragedia (Comienza la tragedia) y es el último del libro cuarto de La gaya ciencia, titulado Sanctus Januarius(San Enero).

    2)-  Es la edad en que Jesús comienza su predicación. Véase el Evangelio de Lucas, 3, 23: «Éste era Jesús, que al empezar tenía treinta años». En el buscado antagonismo entre Zaratustra y Jesús es ésta la primera de las confrontaciones. Como podrá verse por toda la obra, Zaratustra es en parte una antifigura de Jesús. Y así, la edad en que Jesús comienza a predicar es aquella en que Zaratustra se retira a las montañas con el fin de prepararse para su tarea. Inmediatamente después aparecerá una segunda contraposición entre ambos: Jesús pasó sólo cuarenta días en el desierto; Zaratustra pasará diez años en las montañas.

    4)-  Los dos animales heráldicos de Zaratustra representan, respectivamente, su voluntad y su inteligencia Le harán compañía en numerosas ocasiones y actuarán incluso como interlocutores suyos, sobre todo en el importantísimo capítulo de la tercera parte titulado El convaleciente.

    5)-  Untergehen. Es una de las palabras-clave en la descripción de la figura de Zaratustra. Este verbo alemán contiene varios matices que con dificultad podrán conservarse simultáneamente en la traducción castellana.

    Untergehen es en primer término, literalmente, «caminar (gehen) hacia abajo (unter)». Zaratustra, en efecto, baja de las montañas. En segundo lugar es término usual para designar la «puesta del sol», el «ocaso». Y Zaratustra dice bien claro que quiere actuar como el sol al atardecer, esto es, «ponerse». En tercer término, Untergehen y el sustantivo Untergang se usan con el significado de hundimiento, destrucción, decadencia.

    Así, el título de la obra famosa de Spengler es Der Untergang des Abendlandes (traducido por La decadencia de Occidente). También Zaratustra se hunde en su tarea y fracasa. Su tarea, dice varias veces, lo destruye.

    Aquí se ha adoptado como terminus technicus castellano para traducir Untergehen el de «hundirse en su ocaso», que parece conservar los tres sentidos. De todas maneras, Nietzsche juega en innumerables ocasiones con esta palabra alemana compuesta y la contrapone a otras palabras asimismo compuestas. Por ejemplo, contrapone y une Un tergangy Ubergang. Überganges «pasar al otro lado» por encima de algo, pero también significa «transición». El hombre, dirá Zaratustra, es «un tránsito y un ocaso». Esto es, al hundirse en su ocaso, como el sol, pasa al otro lado (de la tierra, se entiende, según la vieja creencia). Y «pasar al otro lado» es superarse a sí mismo y llegar al superhombre.

    6)- Esta misma frase se repite luego. El «ocaso» de Zaratustra termina hacia el final de la tercera parte, en el capítulo titulado El convaleciente, donde se dice: «Así - acaba el ocaso de Zaratustra».

    Zaratustra bajó solo de las montañas sin encontrar a nadie. Pero cuando llegó a los bosques surgió de pronto ante él un anciano que había abandonado su santa choza para buscar raíces en el bosque

    . Y el anciano habló así a Zaratustra: No me es desconocido este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado. Entonces llevabas tu ceniza a la montaña

    : ¿qué quieres hacer ahora entre los que duermen? En la soledad vivías como en el mar, y el mar te llevaba. Ay, ¿quieres bajar a tierra? Ay, ¿quieres volver a arrastrar tú mismo tu cuerpo? Zaratustra respondió: «Yo amo a los hombres.» ¿Por qué, dijo el santo, me marché yo al bosque y a las soledades? ¿No fue acaso porque amaba demasiado a los hombres? Ahora amo a Dios: a los hombres no los amo. El hombre es para mí una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría.

    Zaratustra respondió: «¡Qué dije amor! Lo que yo llevo a los hombres es un regalo.» No les des nada, dijo el santo. Es mejor que les quites alguna cosa y que la lleves a cuestas junto con ellos - eso será lo que más bien les hará: ¡con tal de que te haga bien a ti! ¡Y si quieres darles algo, no les des más que una limosna, y deja que además la mendiguen! «No, respondió Zaratustra, yo no doy limosnas. No soy bastante pobre para eso.» El santo se rió de Zaratustra y dijo: ¡Entonces cuida de que acepten tus tesoros! Ellos desconfían de los eremitas y no creen que vayamos para hacer regalos.

    Nuestros pasos les suenan demasiado solitarios por sus callejas. Y cuando por las noches, estando en sus camas, oyen caminar a un hombre mucho antes de que el sol salga, se preguntan: ¿adónde irá el ladrón?

    ¡No vayas a los hombres y quédate en el bosque! ¡Es mejor que vayas incluso a los animales! ¿Por qué no quieres ser tú, como yo, - un oso entre los osos, un pájaro entre los pájaros? «¿Y qué hace el santo en el bosque?», preguntó Zaratustra. El santo respondió: Hago canciones y las canto; y, al hacerlas, río, lloro y gruño: así alabo a Dios.

    Cantando, llorando, riendo y gruñendo alabo al Dios que es mi Dios. Mas ¿qué regalo es el que tú nos traes? Cuando Zaratustra hubo oído estas palabras saludó al santo y dijo: «¡Qué podría yo daros a vosotros! ¡Pero déjame irme aprisa, para que no os quite nada!» -Y así se separaron, el anciano y el hombre, riendo como ríen dos muchachos.

    8)-  Véase, en esta primera parte, De los trasmundanos, y Del camino del creador, y en la segunda parte, El adivino, donde vuelve a aparecer la referencia a las cenizas. La ceniza es símbolo de la cremación y el rechazo de los falsos ideales juveniles.

    9)-  La pureza de los ojos y la ausencia de asco en la boca son atributos de Zaratustra a los que se hace referencia en numerosas ocasiones; véase, por ejemplo, en la segunda parte, De los sublimes, y en la cuarta, El mendigo voluntario.

    12)-  La idea de la muerte de Dios, que recorre la obra entera, y su ignorancia por parte del santo eremita, será tema de conversación entre Zaratustra y el papa jubilado cuando ambos hablen del eremita ya fallecido.

    El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de sí mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal más bien que superar al hombre? ¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa

    Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y también ahora es el hombre más mono que cualquier mono.

    Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas? ¡Mirad, yo os enseño el superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.

    Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan! En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con Él han muerto también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de la tierra! En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo más alto: - el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del cuerpo y de la tierra.

    Oh, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de esa alma! Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar? En verdad, una sucia corriente es el hombre. Es necesario ser un mar para poder recibir una sucia corriente sin volverse impuro.

    ¿Cuál es la máxima vivencia que vosotros podéis tener? La hora del gran desprecio. La hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea y eso mismo ocurra con vuestra razón y con vuestra virtud.

    La hora en que digáis: «¡Qué importa mi felicidad! Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar. ¡Sin embargo, mi felicidad debería justificar incluso la existencia!» La hora en que digáis: «¡Qué importa mi razón! ¿Ansía ella el saber lo mismo que el león su alimento? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!» La hora en que digáis: «¡Qué importa mi virtud! Todavía no me ha puesto furioso. ¡Qué cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo esto es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!» La hora en que digáis: «¡Qué importa mi justicia! No veo que yo sea un carbón ardiente.

    ¡Mas el justo es un carbón ardiente!» La hora en que digáis: «¡Qué importa mi compasión! ¿No es la compasión acaso la cruz en la que es clavado quien ama a los hombres? Pero mi compasión no es una crucifixión.» ¿Habéis hablado ya así? ¿Habéis gritado ya así? ¡Ah, ojalá os hubiese yo oído ya gritar así! ¡No vuestro pecado - vuestra moderación es lo que clama al cielo, vuestra mezquindad hasta en vuestro pecado es lo que clama al cielo!

    ¿Dónde está el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde la demencia que habría que inocularos? Mirad, yo os enseño el superhombre: ¡él es ese rayo, él es esa demencia! - Cuando Zaratustra hubo hablado así, uno del pueblo gritó: «Ya hemos oído hablar bastante del volatinero; ahora, ¡veámoslo también!» Y todo el pueblo se rió de Zaratustra.

    13)  Markt es la palabra empleada por Nietzsche, que aquí se traduce literalmente por mercado. No se refiere sólo al lugar de compra y venta de mercancías, sino, en general, a lugar amplio donde se reúne la gente, a plaza pública. Todavía hoy la plaza central de muchas ciudades alemanas se denomina Marktplatz.

    14)  Sobre el «superhombre», expresión que ha dado lugar a tantos malentendidos, dice el propio Nietzsche en Ecce homo: «La palabra “superhombre”, que designa un tipo de óptima constitución, en contraste con los hombres “modernos”, con los hombres “buenos”, con los cristianos y demás nihilistas, una palabra que, en boca de Zaratustra, el aniquilador de la moral, se convierte en una palabra muy digna de reflexión, ha sido entendida, casi en todas partes, con total inocencia, en el sentido de aquellos valores cuya antítesis se ha manifestado en la figura de Zaratustra, es decir, ha sido entendida como tipo “idealista” de una especie superior de hombre, mitad “santo”, mitad “genio”».

    15) Eco de los fragmentos 82 y 83 de Heráclito (Diels-Kranz): «El más bello de los monos es feo al compararlo con la raza de los humanos.» «El más sabio de entre los hombres parece, respecto de Dios, mono en sabiduría, en belleza y en todo lo demás.»

    16) «Clamar al cielo» es expresión bíblica. Véase Génesis, 4, 10: «La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra» (palabras de Yahvé a Caín). Como hace casi siempre con estas «citas» bíblicas, Zaratustra confiere a ésta un sentido antitético del que tiene en el original

    Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse. La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso

    Yo amo a los grandes despreciadores, pues ellos son los grandes veneradores, y flechas del anhelo hacia la otra orilla. Yo amo a quienes, para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas: sino que se sacrifican a la tierra para que ésta llegue alguna vez a ser del superhombre. Yo amo a quien vive para conocer, y quiere conocer para que alguna vez viva el superhombre. Y quiere así su propio ocaso.

    ¿Habrá que romperles antes los oídos, para que aprendan a oír con los ojos? ¿Habrá que atronar igual que timbales y que predicadores de penitencia? ¿O acaso creen tan sólo al que balbucea? Tienen algo de lo que están orgullosos. ¿Cómo llaman a eso que los llena de orgullo? Cultural

    ¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar! Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros.

    La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.

    Enfermar y desconfiar considéranlo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres! Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable.

    La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse. La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.

    : pues en este punto el griterío y el regocijo de la multitud lo interrumpieron. «¡Danos ese último hombre, oh Zaratustra, - gritaban - haz de nosotros esos últimos hombres! ¡El superhombre te lo regalamos!

    22) El «último» hombre significa sobre todo el «último» en la escala humana. En Ecce homo dice Nietzsche: «En este sentido Zaratustra llama a los buenos unas veces “los últimos hombres” y otras el “comienzo del final”; sobre todo, los considera como la especie más nociva del hombre, porque imponen su existencia tanto a costa de la verdad como a costa del futuro».

    24) Mediante el juego de palabras en alemán entre erste Rede (primer discurso) y Vorrede (prólogo o, también, discurso preliminar), Nietzsche quiere indicar que en realidad este su primer hablar o discursear (reden) a los hombres no ha sido más que un hablar preliminar, pero que su verdadero hablar va a comenzar ahora. Por eso la verdadera primera parte de esta obra se titulará precisamente «Los discursos (Reden) de Zaratustra».

    Entretanto, en efecto, el volatinero había comenzado su tarea: había salido de una pequeña puerta y caminaba sobre la cuerda, la cual estaba tendida entre dos torres, colgando sobre el mercado y el pueblo. Mas cuando se encontraba justo en la mitad de su camino, la pequeña puerta volvió a abrirse y un compañero de oficio vestido de muchos colores, igual que un bufón, saltó fuera y marchó con rápidos pasos detrás del primero. «Sigue adelante, cojitranco, gritó su terrible voz, sigue adelante, ¡holgazán, impostor, cara de tísico! ¡Que no te haga yo cosquillas con mi talón! ¿Qué haces aquí entre torres? Dentro de la torre está tu sitio, en ella se te debería encerrar, ¡cierras el camino a uno mejor que tú!» - Y a cada palabra se le acercaba más y más: y cuando estaba ya a un solo paso detrás de él ocurrió aquella cosa horrible que hizo callar todas las bocas y quedar fijos todos los ojos: - lanzó un grito como si fuese un demonio y saltó por encima de quien le obstaculizaba el camino. Mas éste, cuando vio que su rival lo vencía, perdió la cabeza y el equilibrio; arrojó su balancín y, más rápido que éste, se precipitó hacia abajo como un remolino de brazos y de piernas. El mercado y el pueblo parecían el mar cuando la tempestad avanza: todos huyeron apartándose y atropellándose, sobre todo allí donde el cuerpo tenía que estrellarse.

    Zaratustra, en cambio, permaneció inmóvil, y justo a su lado cayó el cuerpo, maltrecho y quebrantado, pero no muerto todavía. Al poco tiempo el destrozado recobró la consciencia y vio a Zaratustra arrodillarse junto a él. «¿Qué haces aquí?, dijo por fin, desde hace mucho sabía yo que el diablo me echaría la zancadilla. Ahora me arrastra al infierno: ¿quieres tú impedírselo?» «Por mi honor, amigo, respondió Zaratustra, todo eso de que hablas no existe: no hay ni diablo ni infierno. Tu alma estará muerta aún más pronto que tu cuerpo

    : así, pues, ¡no temas ya nada!» El hombre alzó su mirada con desconfianza. «Si tú dices la verdad, añadió luego, nada pierdo perdiendo la vida. No soy mucho más que un animal al que, con golpes y escasa comida, se le ha enseñado a bailar.» «No hables así, dijo Zaratustra, tú has hecho del peligro tu profesión, en ello no hay nada despreciable. Ahora pereces a causa de tu profesión: por ello voy a enterrarte con mis propias manos.» Cuando Zaratustra hubo dicho esto, el moribundo ya no respondió; pero movió la mano como si buscase la mano de Zaratustra para darle las gracias. –.

    Entretanto iba llegando el atardecer, y el mercado se ocultaba en la oscuridad: el pueblo se dispersó entonces, pues hasta la curiosidad y el horror acaban por cansarse. Mas Zaratustra estaba sentado en el suelo junto al muerto, hundido en sus pensamientos: así olvidó el tiempo. Por fin se hizo de noche, y un viento frío sopló sobre el solitario. Zaratustra se levantó entonces y dijo a su corazón: ¡En verdad, una hermosa pesca ha cobrado hoy Zaratustra! No ha pescado ni un solo hombre

    27) La expresión «pescador de hombres» es evangélica. Véase el Evangelio de Mateo, 4, 19, «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Jesús a Pedro y a Andrés). Véase también, en la cuarta parte, La ofrenda de la miel.

    28) Cita ligeramente modificada de Proverbios, 4,19: «Oscuros son los caminos del ateo» (traducción de Lutero). Lutero emplea el término gottlos (literalmente: sin-dios), expresión que luego va a ser epíteto constante de Zaratustra. Pero son los «buenos y justos» los que se lo aplican; véase, en la tercera parte, De la virtud empequeñecedora. Pero luego Zaratustra se apropiará con orgullo de esa calificación. Los buenos y justos son también los que llaman a Zaratustra «el aniquilador de la moral»; véase, más adelante, De la picadura de la víbora.

    Cuando Zaratustra hubo dicho esto a su corazón, cargó el cadáver sobre sus espaldas y se puso en camino. Y no había recorrido aún cien pasos cuando se le acercó furtivamente un hombre y comenzó a susurrarle al oído - y he aquí que quien hablaba era el bufón de la torre. «Vete fuera de esta ciudad, Zaratustra, dijo; aquí son demasiados los que te odian. Te odian los buenos y justos

    y te llaman su enemigo y su despreciador; te odian los creyentes de la fe ortodoxa, y éstos te llaman el peligro de la muchedumbre. Tu suerte ha estado en que la gente se rió de ti: y, en verdad, hablabas igual que un bufón. Tu suerte ha estado en asociarte al perro muerto; al humillarte de ese modo te has salvado a ti mismo por hoy. Pero vete lejos de esta ciudad - o mañana saltaré por encima de ti, un vivo por encima de un muerto.» Y cuando hubo dicho esto, el hombre desapareció; pero Zaratustra continuó caminando por las oscuras callejas.

    A la puerta de la ciudad encontró a los sepultureros: éstos iluminaron el rostro de Zaratustra con la antorcha, lo reconocieron y comenzaron a burlarse de él. «Zaratustra se lleva al perro muerto: ¡bravo, Zaratustra se ha hecho sepulturero! Nuestras manos son demasiado limpias para ese asado. ¿Es que Zaratustra quiere acaso robarle al diablo su bocado? ¡Vaya! ¡Suerte, y que aproveche! ¡A no ser que el diablo sea mejor ladrón que Zaratustra! - ¡y robe a los dos, y a los dos se los trague!» Y se reían entre sí, cuchicheando.

    Zaratustra no dijo ni una palabra y siguió su camino. Pero cuando llevaba andando ya dos horas, al borde de bosques y de ciénagas, había oído demasiado el hambriento aullido de los lobos, y el hambre se apoderó también de él. Por ello se detuvo junto a una casa solitaria dentro de la cual ardía una luz.

    Extraños caprichos tiene mi hambre. A menudo no me viene sino después de la comida, y hoy no me vino en todo el día: ¿dónde se entretuvo, pues? Y mientras decía esto, Zaratustra llamó a la puerta de la casa. Un hombre viejo apareció; traía la luz y preguntó: «¿Quién viene a mí y a mi mal dormir?» «Un vivo y un muerto, dijo Zaratustra. Dame de comer y de beber, he olvidado hacerlo durante el día. Quien da de comer al hambriento reconforta su propia alma: así habla la sabiduría»

    Mas da de comer y de beber también a tu compañero, él está más cansado que tú.» Zaratustra respondió: «Mi compañero está muerto, difícilmente le persuadiré a que coma y beba.» «Eso a mí no me importa, dijo el viejo con hosquedad; quien llama a mi casa tiene que tomar también lo que le ofrezco. ¡Comed y que os vaya bien!» - A continuación Zaratustra volvió a caminar durante dos horas, confiando en el camino y en la luz de las estrellas: pues estaba habituado a andar por la noche y le gustaba mirar a la cara a todas las cosas que duermen

    Entonces colocó al muerto en un árbol hueco, a la altura de su cabeza - pues quería protegerlo de los lobos - y se acostó en el suelo de musgo. Enseguida se durmió, cansado el cuerpo, pero inmóvil el alma.

    La pareja verbal «los buenos y justos», que aquí aparece por primera vez, se repetirá numerosísimas veces en toda esta obra. Probablemente es imitación de otra pareja verbal, «los hipócritas y fariseos», que también aparece con mucha frecuencia en los Evangelios, y tiene el mismo significado que ella. Véase, por ejemplo, en la tercera parte, De tablas viejas y nuevas: «¡Oh hermanos míos! ¿En quién reside el mayor peligro para todo futuro de los hombres? ¿No es en los buenos y justos, que dicen y sienten en su corazón: “nosotros sabemos ya lo que es bueno y justo, y hasta lo tenemos”».

    Largo tiempo durmió Zaratustra, y no sólo la aurora pasó sobre su rostro, sino también la mañana entera. Mas por fin sus ojos se abrieron: asombrado miró Zaratustra el bosque y el silencio, asombrado miró dentro de sí. Entonces se levantó con rapidez, como un marinero que de pronto ve tierra, y lanzó gritos de júbilo: pues había visto una verdad nueva

    , y habló así a su corazón: Una luz ha aparecido en mi horizonte: compañeros de viaje necesito, compañeros vivos, - no compañeros muertos ni cadáveres, a los cuales llevo conmigo adonde quiero.

    Una luz ha aparecido en mi horizonte: ¡no hable al pueblo Zaratustra, sino a compañeros de viaje! ¡Zaratustra no debe convertirse en pastor y perro de un rebaño! Para incitar a muchos a apartarse del rebaño - para eso he venido. Pueblo y rebaño se irritarán contra mí: ladrón va a ser llamado por los pastores Zaratustra.

    Compañeros en la creación busca Zaratustra, compañeros en la recolección y en las fiestas busca Zaratustra: ¡qué tiene él que ver con rebaños y pastores y cadáveres! Y tú, primer compañero mío, ¡descansa en paz! Bien te he enterrado en tu árbol hueco, bien te he escondido de los lobos. Pero me separo de ti, el tiempo ha pasado. Entre aurora y aurora ha venido a mí una verdad nueva.

    33) Juego de palabras en alemán entre Brecher (destructor, rompedor, quebrantador) y Verbrecher (infractor, criminal). También Moisés rompe las tablas; véase Éxodo, 32,19: «Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfurecido, tiró las tablas y las rompió al pie del monte». En esta obra Zaratustra utiliza numerosas veces esta contraposición.

    35) Juego de palabras en alemán entre Einsiedler (eremitas) y Zweisiedler (término este último creado por Nietzsche y que hace referencia al matrimonio, esto es, a la «soledad de dos en compañía»).

    Esto es lo que Zaratustra dijo a su corazón cuando el sol estaba en pleno mediodía: entonces se puso a mirar inquisitivamente hacia la altura - pues había oído por encima de sí el agudo grito de un pájaro. Y he aquí que un águila cruzaba el aire trazando amplios círculos y de él colgaba una serpiente, no como si fuera una presa, sino una amiga: pues se mantenía enroscada a su cuello

    «¡Son mis animales!, dijo Zaratustra, y se alegró de corazón. El animal más orgulloso debajo del sol, y el animal más inteligente debajo del sol - han salido para explorar el terreno. Quieren averiguar si Zaratustra vive todavía. En verdad, ¿vivo yo todavía? He encontrado más peligros entre los hombres que entre los animales, peligrosos son los caminos que recorre Zaratustra. ¡Que mis animales me guíen!» Cuando Zaratustra hubo dicho esto, se acordó de las palabras del santo en el bosque, suspiró y habló así a su corazón: ¡Ojalá fuera yo más inteligente! ¡Ojalá fuera yo inteligente de verdad, como mi serpiente! Pero pido cosas imposibles: ¡por ello pido a mi orgullo que camine siempre junto a mi inteligencia! Y si alguna vez mi inteligencia me abandona - ¡ay, le gusta escapar volando! - ¡que mi orgullo continúe volando junto con mi tontería! - Así comenzó el ocaso de Zaratustra.

    36)  Los amplios círculos que traza el águila y el enroscamiento de la serpiente en torno al cuello del águila son ya aquí una premonición del «eterno retorno», que es una de las doctrinas capitales de esta obra.

    ¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije. ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría? ¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador?

    y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo? Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.

    Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto.

    Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa? Crear valores nuevos - tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear - eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.

    En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes» como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.

    Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

    Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. - - Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor

    y de la virtud: por ello, se decía, era muy honrado y recompensado, y todos los jóvenes se sentaban ante su cátedra. A él acudió Zaratustra, y junto con todos los jóvenes se sentó ante su cátedra. Y así habló el sabio: ¡Sentid respeto y pudor ante el dormir! ¡Eso es lo primero! ¡Y evitad a todos los que duermen mal y están desvelados por la noche! Incluso el ladrón siente pudor ante el dormir: siempre roba a hurtadillas y en silencio por la noche. En cambio el vigilante nocturno carece de pudor, sin pudor alguno vagabundea con su trompeta.

    Diez veces tienes que superarte a ti mismo durante el día: esto produce una fatiga buena y es adormidera del alma. Diez veces tienes que volver a reconciliarte a ti contigo mismo; pues la superación es amargura, y mal duerme el que no se ha reconciliado.

    Así transcurre el día para el virtuoso. ¡Mas cuando la noche llega me guardo bien de llamar al dormir! ¡El dormir, que es el señor de las virtudes, no quiere que lo llamen! Sino que pienso en lo que yo he hecho y he pensado durante el día. Rumiando me interrogo a mí mismo, paciente igual que una vaca: ¿cuáles han sido, pues, tus diez superaciones? ¿Y cuáles han sido las diez reconciliaciones, y las diez verdades, y las diez carcajadas con que mi corazón se hizo bien a sí mismo? Reflexionando sobre estas cosas, y mecido por cuarenta pensamientos, de repente me asalta el dormir, el no llamado, el señor de las virtudes.

    Pero no estoy así durante mucho tiempo: en seguida me acuesto. - Mientras Zaratustra oía hablar así a aquel sabio se reía en su corazón: pues una luz había aparecido entretanto en su horizonte. Y habló así a su corazón: Un necio es para mí este sabio con sus cuarenta pensamientos: pero yo creo que entiende bien de dormir.

    ¡Feliz quien habite en la cercanía de este sabio! Semejante dormir se contagia, aun a través de un espeso muro se contagia. Un hechizo mora también en su cátedra. Y no en vano se han sentado los jóvenes ante el predicador de la virtud.

    Ahora comprendo claramente lo que en otro tiempo se buscaba ante todo cuando se buscaban maestros de virtud. ¡Buen dormir es lo que se buscaba, y, para ello, virtudes que fueran como adormideras! Para todos estos alabados sabios de las cátedras era sabiduría el dormir sin soñar

    41) Véase Éxodo, 20, 16: «No dirás falso testimonio»; Éxodo, 20, 14: «No cometerás adulterio»; Éxodo, 20, 17: «No desearás... la sierva de tu prójimo.» Zaratustra cita textualmente estos tres preceptos bíblicos.

    44) Cita del Salmo 23,1-2: «Mi pastor... me pone en verdes pastos y me lleva a frescas aguas.» 45 Parodia del Evangelio de Mateo, 5, 3: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.» 46 Alusión a Proverbios, 3, 24: «Te acostarás y dormirás dulce sueño. No tendrás temor de repentinos temores...» También de Buda se dice que «dormía sin soñar, como un niño o un gran sabio».

    Y así también yo proyecté en otro tiempo mi ilusión más allá del hombre, lo mismo que todos los trasmundanos. ¿Más allá del hombre, en verdad? ¡Ay, hermanos, ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, como todos los dioses! Hombre era, y nada más que un pobre fragmento de hombre y de yo: de mi propia ceniza y de mi propia brasa surgió ese fantasma, y, ¡en verdad!, ¡no vino a mí desde el más allá! ¿Qué ocurrió, hermanos míos? Yo me superé a mí mismo, al ser que sufría, yo llevé mi ceniza a la montaña

    , inventé para mí una llama más luminosa. ¡Y he aquí que el fantasma se me desvaneció! Sufrimiento sería ahora para mí, y tormento para el curado, creer en tales fantasmas: sufrimiento sería ahora para mí, y humillación. Así hablo yo a los trasmundanos.

    , - quiso pasar a «aquel mundo». Pero «aquel mundo» está bien oculto a los ojos del hombre, aquel inhumano mundo deshumanizado, que es una nada celeste; y el vientre del ser no habla en modo alguno al hombre, a no ser en forma de hombre.

    En verdad, todo «ser» es difícil de demostrar, y difícil resulta hacerlo hablar. Decidme, hermanos míos, ¿no es acaso la más extravagante de todas las cosas la mejor demostrada? Sí, este yo y la contradicción y confusión del yo continúan hablando acerca de su ser del modo más honesto, este yo que crea, que quiere, que valora, y que es la medida y el valor de las cosas.

    : ¡pero incluso estos dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra! De su miseria querían escapar, y las estrellas les parecían demasiado lejanas. Entonces suspiraron: «¡Oh, si hubiese caminos celestes para deslizarse furtivamente en otro ser y en otra felicidad!» - ¡entonces se inventaron sus caminos furtivos y sus pequeños brebajes de sangre!

    Indulgente es Zaratustra con los enfermos. En verdad, no se enoja con sus especies de consuelo y de ingratitud. ¡Que se transformen en convalecientes y en superadores, y que se creen un cuerpo superior! Tampoco se enoja Zaratustra con el convaleciente si éste mira con delicadeza hacia su ilusión y a medianoche se desliza furtivamente en torno a la tumba de su dios: mas enfermedad y cuerpo enfermo continúan siendo para mí también sus lágrimas.

    Mucho pueblo enfermo ha habido siempre entre quienes poetizan y tienen la manía de los dioses; odian con furia al hombre del conocimiento y a aquella virtud, la más joven de todas, que se llama: honestidad.

    47)  Hinterweltler. Término forjado por Nietzsche y que ya había empleado una vez en Humano, demasiado humano, II, «Opiniones y sentencias varias». Aquí se traduce literalmente por «trasmundanos», pues parecen innecesarias y artificiales las traducciones que ordinariamente se han dado: «De los creyentes en ultramundos», «De los alucinados de un mundo pretérito», «De los visionarios del más allá», etc. Nietzsche formó esta palabra por analogía con Hinterwäldler, de uso corriente, que significa: el que habita en el Hinterwald (la parte de detrás del bosque), pero también: «troglodita», «provinciano», «hombre inculto».

    50)  Mit dem Kopf durch die Wand (gehen) es una frase hecha alemana que significa literalmente «(querer atravesar) la pared con la cabeza», pero que alude a las personas muy tercas, «cabezotas» (tanto, que se empeñan en algo imposible, a saber: «atravesar la pared con la cabeza»). Al variar ligeramente la frase, mediante la adición del adjetivo letzte («últimas» paredes, es decir, los límites de este mundo), Nietzsche ironiza sobre los trasmundanos.

    51)  La «sangre redentora» es expresión bíblica. Véase 1 Pedro, 1, 19. En La genealogía de la moral Nietzsche reprocha a Wagner el que se dejase seducir por la «sangre redentora». Véase la nota 72 de La genealogía de la moral.

    De él se deriva la expresión propia del idealismo alemán «en sí y para sí» (an sich und für sich). Más adelante, en la cuarta parte, La ofrenda de la miel, Zaratustra se burlará de esta última expresión, hablando de «en mí y para mí».

    54)  El poeta griego Simónides dice en uno de sus «trenos» (el 542 en la numeración de D. L. Page): «Es difícil llegar a ser un hombre excelente, cuadrado de manos, de pies, de inteligencia, terminado sin reproche...

    » Tanto Platón en el Protágoras (339 b) como Aristóteles en su Retórica (1411 b 26) citan esta metáfora de Simónides. De cualquiera de ellos pudo tomar Nietzsche esta imagen, que también repite más tarde; véase, en esta primera parte, Del hijo y del matrimonio, y en la cuarta parte, El saludo.

    «Cuerpo soy yo y alma» - así habla el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños? Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo.

    Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría? Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos. «¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos del pensamiento?, se dice. Un rodeo hacia mi meta. Yo soy las andaderas del yo y el apuntador de sus conceptos.» El sí-mismo dice al yo: «¡siente dolor aquí!» Y el yo sufre y reflexiona sobre cómo dejar de sufrir - y justo para ello debe pensar.

    . ¿Qué es lo que creó el apreciar y el despreciar y el valor y la voluntad? El sí-mismo creador se creó para sí el apreciar y el despreciar, se creó para sí el placer y el dolor. El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.

    Incluso en vuestra tontería y en vuestro desprecio, despreciadores del cuerpo, servís a vuestro sí-mismo. Yo os digo: también vuestro sí-mismo quiere morir y se aparta de la vida. Ya no es capaz de hacer lo que más quiere: - crear por encima de sí. Eso es lo que más quiere, ése es todo su ardiente deseo.

    56)  Selbst. Se traduce aquí, no por yo, como a veces se hace, sino por sí-mismo. Nietzsche contrapone Ich (yo) y Selbst (sí-mismo), como puede verse en el párrafo siguiente y, en general, en todo este capítulo.

    Hermano mío, si tienes una virtud, y esa virtud es la tuya, entonces no la tienes en común con nadie. Ciertamente, tú quieres llamarla por su nombre y acariciarla; quieres tirarle de la oreja y divertirte con ella.

    ¡Y he aquí que tienes su nombre en común con el pueblo y que, con tu virtud, te has convertido en pueblo y en rebaño! Harías mejor en decir: «inexpresable y sin nombre es aquello que constituye el tormento y la dulzura de mi alma, y que es incluso el hambre de mis entrañas».

    Habla y balbucea así: «Éste es mi bien, esto es lo que yo amo, así me agrada del todo, únicamente así quiero yo el bien. No lo quiero como ley de un Dios, no lo quiero como precepto y forzosidad de los hombres: no sea para mí una guía hacia super-tierras y hacia paraísos.

    Y aunque fueses de la estirpe de los coléricos o de la de los lujuriosos, o de los fanáticos de su fe o de los vengativos: Al final todas tus pasiones se convirtieron en virtudes y todos tus demonios en ángeles.

    De tus venenos has extraído tu bálsamo, has ordeñado a tu vaca Tribulación, - ahora bebes la dulce leche de sus ubres. Y ninguna cosa malvada surgirá ya de ti en el futuro, a no ser el mal que surja de la lucha de tus virtudes.

    Ay, hermano mío, ano has visto nunca todavía a una virtud calumniarse y acuchillarse a sí misma? El hombre es algo que tiene que ser superado: y por ello tienes que amar tus virtudes, - pues perecerás a causa de ellas.

    Por analogía con Leidenschaft (pasión), Nietzsche crea aquí la palabra Freudenschaft, derivándola de Freude (alegría). Con ello subraya el elemento Leiden (sufrimiento) del término Leidenschaft. «Pasión» implica aquí, pues, simultáneamente dos significados: pasión (como movimiento afectivo) y padecimiento.

    El haberse juzgado a sí mismo constituyó su instante supremo: ¡no dejéis que el excelso recaiga en su bajeza! No hay redención alguna para quien sufre tanto de sí mismo, excepto la muerte rápida.

    Vuestro matar, jueces, debe ser compasión y no venganza. ¡Y mientras matáis, cuidad de que vosotros mismos justifiquéis la vida! No basta con que os reconciliéis con aquel a quien matáis. Vuestra tristeza sea amor al superhombre: ¡así justificáis vuestro seguir viviendo! «Enemigo» debéis decir, pero no «bellaco»; «enfermo» debéis decir, pero no «bribón»; «tonto» debéis decir, pero no «pecador».

    Y tú, rojo juez, si alguna vez dijeses en voz alta todo lo que has hecho con el pensamiento: todo el mundo gritaría: «¡Fuera esa inmundicia y ese gusano venenoso!» Pero una cosa es el pensamiento, otra la acción, y otra la imagen de la acción. La rueda del motivo no gira entre ellas. Una imagen puso pálido a ese pálido hombre. Cuando realizó su acción él estaba a la altura de ella: mas no soportó la imagen de su acción, una vez cometida ésta.

    ¡Oíd, jueces! Existe todavía otra demencia: la de antes de la acción. ¡Ay, no me habéis penetrado bastante profundamente en esa alma! Así habla el rojo juez: «¿por qué este delincuente asesinó? Quería robar». Mas yo os digo: su alma quería sangre, no robo: ¡él estaba sediento de la felicidad del cuchillo! Pero su pobre razón no comprendía esa demencia y le persuadió. «¡Qué importa la sangre!, dijo; ¿no quieres al menos cometer también un robo? ¿Tomarte una venganza?» Y él escuchó a su pobre razón: como plomo pesaba el discurso de ella sobre él, - entonces robó, al asesinar. No quería avergonzarse de su demencia.

    Con sólo que pudiera sacudir su cabeza, su peso rodaría al suelo: mas ¿quién sacude esa cabeza? ¿Qué es ese hombre? Un montón de enfermedades, que a través del espíritu se extienden por el mundo: allí quieren hacer su botín.

    ¡Mas qué me importan a mí vuestros buenos! Muchas cosas de vuestros buenos me producen náuseas, y, en verdad, no su mal. ¡Pues yo quisiera que tuvieran una demencia a causa de la cual pereciesen, como ese pálido delincuente! En verdad, yo quisiera que su demencia se llamase verdad o fidelidad o justicia: pero ellos tienen su virtud para vivir largo tiempo y en un lamentable bienestar.

    En las montañas el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre: mas para ello tienes que tener piernas largas. Cumbres deben ser las sentencias: y aquellos a quienes se habla, hombres altos y robustos.

    Vosotros me decís: «la vida es difícil de llevar». Mas ¿para qué tendríais vuestro orgullo por las mañanas y vuestra resignación por las tardes? La vida es difícil de llevar: ¡no me os pongáis tan delicados! Todos nosotros somos guapos, borricos y pollinas de carga

    62) El tercer tratado de La genealogía de la moral lleva a su frente, como motto, esta frase. Nietzsche dice en el prólogo que ese tercer tratado, titulado «¿Qué significan los ideales ascéticos?», es todo él «un comentario » del citado párrafo.

    65) Paráfrasis de Hamlet, acto II, escena 2: «Ocurrencias felices que suele tener la demencia, y que ni la más sana razón y lucidez podrían soltar con tanta fortuna» (palabras de Polonio a Hamlet).

    El ojo de Zaratustra había visto que un joven lo evitaba. Y cuando una tarde caminaba solo por los montes que rodean la ciudad llamada «La Vaca Multicolor»: he aquí que encontró en su camino a aquel joven, sentado junto a un árbol en el que se apoyaba y mirando al valle con mirada cansada. Zaratustra agarró el árbol junto al cual estaba sentado el joven y dijo: Si yo quisiera sacudir este árbol con mis manos, no podría. Pero el viento, que nosotros no vemos, lo maltrata y lo dobla hacia donde quiere. Manos invisibles son las que peor nos doblan y maltratan

    Entonces el joven se levantó consternado y dijo: «Oigo a Zaratustra, y en él estaba precisamente pensando.» Zaratustra replicó: «¿Y por eso te has asustado? - Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol.

    Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo, - hacia el mal.» «¡Sí, hacia el mal!, exclamó el joven. ¿Cómo es posible que tú hayas descubierto mi alma?» Zaratustra sonrió y dijo: «A ciertas almas no se las descubrirá nunca a no ser que antes se las invente».

    Tú has dicho la verdad, Zaratustra. Desde que quiero elevarme hacia la altura ya no tengo confianza en mí mismo, y ya nadie tiene confianza en mí, - ¿cómo ocurrió esto? Me transformo demasiado rápidamente: mi hoy refuta a mi ayer. A menudo salto los escalones cuando subo, - esto no me lo perdona ningún escalón.

    Cuando estoy arriba, siempre me encuentro solo. Nadie habla conmigo, el frío de la soledad me hace estremecer. ¿Qué es lo que quiero yo en la altura? Mi desprecio y mi anhelo crecen juntos; cuanto más alto subo, tanto más desprecio al que sube. ¿Qué es lo que quiere éste en la altura? ¡Cómo me avergüenzo de mi subir y tropezar! ¡Cómo me burlo de mi violento jadear! ¡Cómo odio al que vuela! ¡Qué cansado estoy en la altura!» Aquí el joven calló. Y Zaratustra miró detenidamente el árbol junto al que se hallaban y dijo: «Este árbol se encuentra solitario aquí en la montaña; ha crecido muy por encima del hombre y del animal.

    Cuando Zaratustra hubo dicho esto el joven exclamó con ademanes violentos: «Sí, Zaratustra, tú dices verdad. Cuando yo quería ascender a la altura, anhelaba mi caída, ¡y tú eres el rayo que yo aguardaba! Mira, ¿qué soy yo desde que tú nos has aparecido? ¡La envidia de ti es lo que me ha destruido!» - Así dijo el joven, y lloró amargamente

    Mas Zaratustra lo rodeó con su brazo y se lo llevó consigo. Y cuando habían caminado un rato juntos, Zaratustra comenzó a hablar así: Mi corazón está desgarrado. Aún mejor que tus palabras es tu ojo el que me dice todo el peligro que corres.

    Sí, yo conozco tu peligro. Mas por mi amor y mi esperanza te conjuro: ¡no arrojes de ti tu amor y tu esperanza! Todavía te sientes noble, y noble te sienten todavía también los otros, que te detestan y te lanzan miradas malvadas. Sabe que un noble les es a todos un obstáculo en su camino.

    68)  Éste es uno de los capítulos de mayor impregnación evangélica en su ambientación. Recuerda sobre todo la conversación de Jesús con el joven rico (véase el Evangelio de Mateo, 19, 16 y ss.), pero también el hecho de que Jesús encontrase a algunos de sus primeros discípulos debajo de un árbol; véase el Evangelio de Juan, 1, 48: «Contestó Jesús, y le dijo: Antes de que Felipe te llamase, te vi cuando estabas debajo de la higuera. Natanael le contestó: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Contestó Jesús y le dijo: ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores has de ver.».

    Llena está la tierra de superfluos, corrompida está la vida por los demasiados. ¡Ojalá los saque alguien de esta vida con el atractivo de la «vida eterna»! «Amarillos»: así se llama a los predicadores de la muerte, o «negros». Pero yo quiero mostrároslos todavía con otros colores.

    ¡Querrían estar muertos, y nosotros deberíamos aprobar su voluntad! ¡Guardémonos de resucitar a esos muertos y de lastimar a esos ataúdes vivientes! Si encuentran un enfermo, o un anciano, o un cadáver, enseguida dicen: «¡la vida está refutada!» Pero sólo están refutados ellos, y sus ojos, que no ven más que un solo rostro en la existencia.

    – «La voluptuosidad es pecado, - así dicen los unos, que predican la muerte - ¡apartémonos y no engendremos hijos!» «Dar a luz es cosa ardua, - dicen los otros - ¿para qué dar a luz? ¡No se da a luz más que seres desgraciados!» Y también éstos son predicadores de la muerte.

    «Compasión es lo que hace falta - así dicen los terceros. ¡Tomad lo que yo tengo! ¡Tomad lo que yo soy! ¡Tanto menos me atará así la vida!» Si fueran compasivos de verdad, quitarían a sus prójimos el gusto de la vida. Ser malvados - ésa sería su verdadera bondad.

    Pero ellos quieren librarse de la vida: ¡qué les importa el que, con sus cadenas y sus regalos, aten a otros más fuertemente todavía! - Y también vosotros, para quienes la vida es trabajo salvaje e inquietud: ¿no estáis muy cansados de la vida? ¿No estáis muy maduros para la predicación de la muerte? Todos vosotros que amáis el trabajo salvaje y lo rápido, nuevo, extraño, - os soportáis mal a vosotros mismos, vuestra diligencia es huida y voluntad de olvidarse a sí mismo.

    Si creyeseis más en la vida, os lanzaríais menos al instante. ¡Pero no tenéis en vosotros bastante contenido para la espera - y ni siquiera para la pereza! Por todas partes resuena la voz de quienes predican la muerte: y la tierra está llena de seres a quienes hay que predicar la muerte.

    No queremos que con nosotros sean indulgentes nuestros mejores enemigos, ni tampoco aquellos a quienes amamos a fondo. ¡Por ello dejadme que os diga la verdad! ¡Hermanos míos en la guerra! Yo os amo a fondo, yo soy y he sido vuestro igual. Y yo soy también vuestro mejor enemigo. ¡Por ello dejadme que os diga la verdad! Yo sé del odio y de la envidia de vuestro corazón. No sois bastante grandes para no conocer odio y envidia. ¡Sed, pues, bastante grandes para no avergonzaros de ellos! Y si no podéis ser santos del conocimiento, sed al menos guerreros de él. Éstos son los acompañantes y los precursores de tal santidad.

    Veo muchos soldados: ¡muchos guerreros es lo que quisiera yo ver! «Uni-forme» se llama lo que llevan puesto: ¡ojalá no sea un¡-formidad lo que con ello encubren! Debéis ser de aquellos cuyos ojos buscan siempre un enemigo - vuestro enemigo. Y en algunos de vosotros hay un odio a primera vista.

    ¡Debéis buscar vuestro enemigo, debéis hacer vuestra guerra, y hacerla por vuestros pensamientos! ¡Y si vuestro pensamiento sucumbe, vuestra honestidad debe cantar victoria a causa de ello! Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras. Y la paz corta más que la larga

    A vosotros no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. A vosotros no os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Sea vuestro trabajo una lucha, sea vuestra paz una victoria! Sólo se puede estar callado y tranquilo cuando se tiene una flecha y un arco: de lo contrario, se charla y se disputa. ¡Sea vuestra paz una victoria! ¿Vosotros decís que la buena causa es la que santifica incluso la guerra? Yo os digo: la buena guerra es la que santifica toda causa.

    ¿Sois feos? ¡Bien, hermanos míos! ¡Envolveos en lo sublime, que es el manto de lo feo! Y si vuestra alma se hace grande, también se vuelve altanera, y en vuestra sublimidad hay maldad. Yo os conozco.

    ¡Sea vuestro amor a la vida amor a vuestra esperanza más alta: y sea vuestra esperanza más alta el pensamiento más alto de la vida! Pero debéis permitir que yo os ordene vuestro pensamiento más alto - y dice así: el hombre es algo que debe ser superado.

    ¡Vivid, pues, vuestra vida de obediencia y de guerra! ¡Qué importa vivir mucho tiempo! ¡Qué guerrero quiere ser tratado con indulgencia! ¡Yo no os trato con indulgencia, yo os amo a fondo, hermanos míos en la guerra! - Así habló Zaratustra.

    78)  En el mismo capítulo citado en la nota anterior, los reyes dicen a Zaratustra. «Nadie ha dicho hasta ahora palabras tan belicosas como: “¿Qué es bueno? Ser valiente es bueno”. La buena guerra es la que santifica toda causa. Oh, Zaratustra, la sangre de nuestros padres se agitaba en nuestro cuerpo al oír tales palabras.».

    80) La contraposición entre «tú debes» y «yo quiero» ha sido desarrollada antes en esta misma parte, De las tres transformaciones, Zaratustra volverá a mencionarla en la parte tercera, De tablas viejas y nuevas, 9.

    Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: «Yo, el Estado, soy el pueblo.» ¡Es mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.

    Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte! Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado! ¡Mirad cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia! «En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios» - así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas yvista corta se postran de rodillas! ¡Ay, también en vosotros, los de alma grande, susurra él sus sombrías mentiras! ¡Ay, él adivina cuáles son los corazones ricos, que con gusto se prodigan! ¡Sí, también os adivina a vosotros, los vencedores del viejo Dios! ¡Os habéis fatigado en la lucha, y ahora vuestra fatiga continúa prestando culto al nuevo ídolo! ¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío monstruo - gusta de calentarse al sol de buenas conciencias! Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis

    ¡Quiere que vosotros le sirváis de cebo para pescar a los demasiados! ¡Sí, un artificio infernal ha sido inventado aquí, un caballo de la muerte, que tintinea con el atavío de honores divinos! Sí, aquí ha sido inventada una muerte para muchos, la cual se precia a sí misma de ser vida: ¡en verdad, un servicio íntimo para todos los predicadores de la muerte! Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Estado, al lugar en que todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos - se llama «la vida».

    Quieren poder y, en primer lugar, la palanqueta del poder, mucho dinero, - ¡esos insolventes! ¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad.

    Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer - ¡que la felicidad se sienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono - y también a menudo el trono se sienta en el fango.

    Hermanos míos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus concupiscencias? ¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre! ¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos de la idolatría de los superfluos! ¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos! Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos.

    82)  «Esta señal os doy» es frase bíblica que aparece en Isaías, 7, 14: «Pues bien, el Señor mismo os dará una señal: He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo.» También los Evangelios utilizan repetidas veces la expresión «dar una señal».

    Espíritu tiene el comediante, pero poca conciencia de espíritu. Cree siempre en aquello que mejor le permite llevar a los otros a creer - ¡a creer en él! Mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva. Sentidos rápidos tiene el comediante, igual que el pueblo, y presentimientos cambiantes.

    A una verdad que sólo en oídos delicados se desliza llámala mentira y nada. ¡En verdad, sólo cree en dioses que hagan gran ruido en el mundo! Lleno de bufones solemnes está el mercado - ¡y el pueblo se gloría de sus grandes hombres! Éstos son para él los señores del momento.

    Pero el momento los apremia: así ellos te apremian a ti. Y también de ti quieren ellos un sí o un no. ¡Ay!, ¿quieres colocar tu silla entre un pro y un contra? ¡No tengas celos de esos incondicionales y apremiantes, amante de la verdad! Jamás se ha colgado la verdad del brazo de un incondicional.

    A causa de esas gentes súbitas, vuelve a tu seguridad: sólo en el mercado le asaltan a uno con un ¿sí o no? Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que aguardar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad.

    Huye, amigo mío, a tu soledad: te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Huye allí donde sopla un viento áspero, fuerte! ¡Huye a tu soledad! Has vivido demasiado cerca de los pequeños y mezquinos. ¡Huye de su venganza invisible! Contra ti no son otra cosa que venganza.

    Demasiado orgulloso me pareces para matar a esos golosos. ¡Pero procura que no se convierta en tu fatalidad el soportar toda su venenosa injusticia! Ellos zumban a tu alrededor también con su alabanza: impertinencia es su alabanza

    Como tú eres suave y de sentir justo, dices: «No tienen ellos la culpa de su mezquina existencia». Mas su estrecha alma piensa: «Culpable es toda gran existencia.» Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan tus bondades con daños encubiertos.

    Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por ello ¡guárdate de los pequeños! Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza.

    ¿No has notado cómo solían enmudecer cuando tú te acercabas a ellos, y cómo su fuerza los abandonaba, cual humo de fuego que se extingue? Sí, amigo mío, para tus prójimos eres tú la conciencia malvada: pues ellos son indignos de ti. Por eso te odian y quisieran chuparte la sangre.

    ¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva? Y contempladme esos hombres: sus ojos lo dicen - no conocen nada mejor en la tierra que yacer con una mujer. Fango hay en el fondo de su alma; ¡y ay si su fango tiene además espíritu! ¡Si al menos fueran perfectos en cuanto animales! Mas del animal forma parte la inocencia.

    ¡Y con qué buenos modales sabe mendigar la perra Sensualidad un pedazo de espíritu cuando se le deniega un pedazo de carne! ¿Vosotros amáis las tragedias y todo lo que destroza el corazón? Mas yo desconfío de vuestra perra.

    Para mí tenéis ojos demasiado crueles, y miráis lascivamente a los que sufren. ¿Es que vuestra voluptuosidad no ha hecho más que enmascararse, y se llama compasión? Y también os propongo esta parábola: no pocos que quisieron expulsar a su demonio fueron a parar ellos mismos dentro de los cerdos

    88) Alusión al Evangelio de Mateo, 9,28-32: «Llegó él a la orilla de enfrente, a la región de los gadarenos . Desde el cementerio salieron a su encuentro dos endemoniados; eran tan peligrosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. De pronto empezaron a gritar: “¿Quién te mete a ti en esto, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?” Una gran piara de cerdos estaba hozando a distancia. Los demonios le dijeron: “Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “Id”. Salieron y se fueron a los cerdos. De pronto la piara se abalanzó al lago, acantilado abajo, y murió ahogada.».

    Uno siempre a mi alrededor es demasiado» - así piensa el eremita. «Siempre uno por uno - ¡da a la larga dos!» Yo y mí están siempre dialogando con demasiada vehemencia: ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo? Para el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.

    Ay, existen demasiadas profundidades para todos los eremitas. Por ello desean ardientemente un amigo y su altura. Nuestra fe en otros delata lo que nosotros quisiéramos creer de nosotros mismos. Nuestro anhelo de un amigo es nuestro delator.

    En el propio amigo debemos honrar incluso al enemigo. ¿Puedes tú acercarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando? En nuestro amigo debemos tener nuestro mejor enemigo. Con tu corazón debes estarle máximamente cercano cuando le opones resistencia.

    La mujer no es todavía capaz de amistad. Pero decidme, varones, ¿quién de vosotros es capaz de amistad? ¡Cuánta pobreza, varones, y cuánta avaricia hay en vuestra alma! Lo que vosotros dais al amigo, eso quiero darlo yo hasta a mi enemigo, y no por eso me habré vuelto más pobre.

    Muchos países ha visto Zaratustra, y muchos pueblos: así ha descubierto el bien y el mal de muchos pueblos. Ningún poder mayor ha encontrado Zaratustra en la tierra que las palabras bueno y malvado.

    Muchas cosas que este pueblo llamó buenas son para aquel otro afrenta y vergüenza: esto es lo que yo he encontrado. Muchas cosas que eran llamadas aquí malvadas las encontré allí adornadas con honores de púrpura.

    Laudable es aquello que le parece difícil; a lo que es indispensable y a la vez difícil llámalo bueno; y a lo que libera incluso de la suprema necesidad, a lo más raro, a lo dificilísimo, - a eso lo ensalza como santo.

    En verdad, hermano mío, si has conocido primero la necesidad y la tierra y el cielo y el vecino de un pueblo: adivinarás sin duda la ley de sus superaciones y la razón de que suba por esa escalera hacia su esperanza.

    En verdad, un monstruo es el poder de ese alabar y censurar. Decidme, hermanos míos, ¿quién me domeña ese monstruo? Decidme, ¿quién pone en cadenas las mil cervices de ese animal? Mil metas ha habido hasta ahora, pues mil pueblos ha habido. Sólo falta la cadena que ate las mil cervices, falta la única meta. Todavía no tiene la humanidad meta alguna.

    93)  Suele traducirse este título por: «De las mil y una metas.» Como se verá por el desarrollo de todo el capítulo y sobre todo por los párrafos finales, Nietzsche no se ha querido dejar llevar por la expresión popular en todos los idiomas: «las mil y una», sino que, como él mismo dice: «Mil metas ha habido hasta ahora, pues mil pueblos ha habido. Sólo falta la cadena de las mil cervices, falta la única meta.» La versión aquí dada, «De las mil metas y de la única meta», se apoya en el hecho de haber escrito Nietzsche: Von tausend und Einem Ziele, en lugar de: Von tausend und einem Ziele, como habría escrito si hubiera querido decir: «De las mil y una metas.».

    95)  Esta divisa del honor de la sociedad aristocrática griega tiene su expresión clásica en el verso 208 del libro VI de La Ilíada: «Siempre ser el mejor y estar por encima de los demás». Idénticas palabras se repiten en el verso 784 del libro XI, donde aparecen como consejo del anciano Peleo a su hijo Aquiles.

    99)  Nietzsche basa esta afirmación suya en su creencia de que la palabra alemana Mensch (hombre) viene del latín mensuratio (medida). Esta misma opinión la aduce también en La genealogía de la moral.

    No miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino ante todo aquel que habla en contra de lo que no sabe. Y así es como vosotros habláis de vosotros en sociedad, y, al mentiros a vosotros, mentís al vecino.

    100)  Nächste, Fernste. La circunstancia de que der Nächste (el prójimo) sea en alemán un superlativo (nahe, cerca: Nachbar, vecino; Nächste, prójimo, o, si se quiere, el «más próximo de todos») permite a Nietzsche ampliar verbalmente la distancia entre los dos extremos y decir: der Fernste (el más lejano de todos), en lugar de der Ferne (el lejano), que sería, en castellano, lo contrario del prójimo (próximo). El «amor al prójimo» es un precepto bíblico: Levítico, 19, 18; Evangelio de Mateo, 22, 39; Evangelio de Marcos, 12, 31: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.».

    ¿Puedes forzar incluso a las estrellas a que giren a tu alrededor? ¡Ay, existe tanta ansia de elevarse! ¡Existen tantas convulsiones de los ambiciosos! ¡Muéstrame que tú no eres un ansioso ni un ambicioso! Ay, existen tantos grandes pensamientos que no hacen más que lo que el fuelle: inflan y producen un vacío aún mayor. ¿Libre te llamas a ti mismo? Quiero oír tu pensamiento dominante, y no que has escapado de un yugo.

    ¿Libre de qué? ¡Qué importa eso a Zaratustra! Tus ojos deben anunciarme con claridad: ¿libre para qué? ¿Puedes prescribirte a ti mismo tu bien y tu mal y suspender tu voluntad por encima de ti como una ley? ¿Puedes ser juez para ti mismo y vengador de tu ley? Terrible cosa es hallarse solo con el juez y vengador de la propia ley. Así es arrojada una estrella al espacio vacío y al soplo helado de hallarse solo.

    Hoy sufres todavía a causa de los muchos, tú que eres uno solo: hoy conservas aún todo tu valor y todas tus esperanzas. Mas alguna vez la soledad te fatigará, alguna vez tu orgullo se curvará y tu valor rechinará los dientes. Alguna vez gritarás «¡estoy solo!».

     Hay sentimientos que quieren matar al solitario; ¡si no lo consiguen, ellos mismos tienen que morir entonces! Mas ¿eres tú capaz de ser asesino? ¿Conoces ya, hermano mío, la palabra «desprecio»? ¿Y el tormento de tu justicia, de ser justo con quienes te desprecian? Tú fuerzas a muchos a cambiar de doctrina acerca de ti; esto te lo hacen pagar caro. Te aproximaste a ellos y pasaste de largo: esto no te lo perdonan nunca.

    «¡Cómo vais a ser justos conmigo! - tienes que decir - yo elijo para mí vuestra injusticia como la parte que me ha sido asignada.» Injusticia y suciedad arrojan ellos al solitario: pero, hermano mío, si quieres ser una estrella, ¡no tienes que iluminarlos menos por eso! ¡Y guárdate de los buenos y justos! Con gusto crucifican a quienes se inventan una virtud para sí mismos, - odian al solitario.

    ¡Solitario, tú recorres el camino que lleva a ti mismo! ¡Y tu camino pasa al lado de ti mismo y de tus siete demonios! Un hereje serás para ti mismo, y una bruja y un hechicero y un necio y un escéptico y un impío y un malvado.

    Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: ¡cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en ceniza! Solitario, tú recorres el camino del creador: ¡con tus siete demonios quieres crearte para ti un Dios! Solitario, tú recorres el camino del amante: te amas a ti mismo y por ello te desprecias como sólo los amantes saben despreciar.

    ¡El amante quiere crear porque desprecia! ¡Qué sabe del amor el que no tuvo que despreciar precisamente aquello que amaba! Vete a tu soledad con tu amor y con tu crear, hermano mío; sólo más tarde te seguirá la justicia cojeando.

    103) Véase antes De las tres transformaciones, la descripción del niño: «Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí».

    104) Un desarrollo de esta idea puede verse en La genealogía de la moral, apartado tercero, «¿Qué significan los ideales ascéticos?». También aquí se alude más adelante a esto mismo: véase, en la cuarta parte, La sombra.

    106) O sancta simplicitas es frase que se dice pronunciada por Juan Hus (1369-1415) cuando, encontrándose sobre la hoguera a que se le había condenado por hereje, vio cómo una viejecilla, movida por su celo religioso, arrojaba más leña a las llamas en que aquél ardía.

    Por qué te deslizas a escondidas y de manera esquiva en el crepúsculo, Zaratustra? ¿Qué es lo que escondes con tanto cuidado bajo tu manto? ¿Es un tesoro que te han regalado? ¿O un niño que has dado a luz? ¿O es que tú mismo sigues ahora los caminos de los ladrones, tú amigo de los malvados?» - ¡En verdad, hermano mío!, dijo Zaratustra, es un tesoro que me han regalado: es una pequeña verdad lo que llevo conmigo. Pero es revoltosa como un niño pequeño; y si no le tapo la boca, grita a voz en cuello.

    Cuando hoy recorría solo mi camino, a la hora en que el sol se pone, me encontré con una viejecilla, la cual habló así a mi alma: «Muchas cosas nos ha dicho Zaratustra también a nosotras las mujeres, pero nunca nos ha hablado sobre la mujer».

    El varón es para la mujer un medio: la finalidad es siempre el hijo. ¿Pero qué es la mujer para el varón? Dos cosas quiere el varón auténtico: peligro y juego. Por ello quiere él a la mujer, que es el más peligroso de los juguetes.

    En el varón auténtico se esconde un niño: éste quiere jugar. ¡Adelante, mujeres, descubrid el niño en el varón! Sea un juguete la mujer, puro y delicado, semejante a la piedra preciosa, iluminado por las virtudes de un mundo que todavía no existe.

    ¡Resplandezca en vuestro amor el rayo de una estrella! Diga vuestra voluntad: «¡Ojalá diese yo a luz el superhombre!» ¡Haya valentía en vuestro amor! ¡Con vuestro amor debéis lanzaros contra aquel que os infunde miedo! ¡Que vuestro honor esté en vuestro amor! Por lo demás, poco entiende de honor la mujer.

    Pero el ánimo del varón es profundo, su corriente ruge en cavernas subterráneas: la mujer presiente su fuerza, mas no la comprende. - Entonces me replicó la viejecilla: «Muchas gentilezas acaba de decir Zaratustra, y sobre todo para quienes son bastante jóvenes para ellas.

    108)  Paráfrasis irónica del Evangelio de Lucas, 1, 37: «Para Dios nada es imposible». Son palabras del ángel Gabriel a María al anunciarle que su pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez.

    Un día habíase quedado Zaratustra dormido debajo de una higuera, pues hacía calor, y había colocado sus brazos sobre el rostro. Entonces vino una víbora y le picó en el cuello, de modo que Zaratustra se despertó gritando de dolor

    . Al retirar el brazo del rostro vio a la serpiente: ésta reconoció entonces los ojos de Zaratustra, dio la vuelta torpemente y quiso marcharse. «¡No, dijo Zaratustra; todavía no has recibido mi agradecimiento! Me has despertado a tiempo, mi camino es todavía largo.» «Tu camino es ya corto, dijo la víbora con tristeza; mi veneno mata.» Zaratustra sonrió. «¿En alguna ocasión ha muerto un dragón por el veneno de una serpiente? - dijo. ¡Pero toma de nuevo tu veneno! No eres bastante rica para regalármelo.» Entonces la víbora se lanzó otra vez alrededor de su cuello y le lamió la herida.

    . ¡Es mejor que también vosotros maldigáis un poco! ¡Y si se ha cometido una gran injusticia con vosotros, cometed vosotros enseguida cinco pequeñas! Es horrible ver a alguien a quien la injusticia lo oprime sólo a él.

    ¿Sabíais ya esto? Injusticia dividida es justicia a medias. ¡Y sólo debe cargar con la injusticia aquel que sea capaz de llevarla! Una pequeña venganza es más humana que ninguna. Y si el castigo no es también un derecho y un honor para el prevaricador, entonces tampoco me gusta vuestro castigo.

    . Decidme, ¿dónde se encuentra la justicia que sea amor con ojos clarividentes? ¡Inventad, pues, el amor que soporta no sólo todos los castigos, sino también todas las culpas! ¡Inventad, pues, la justicia que absuelve a todos, excepto a los que juzgan! ¿Queréis oír todavía otra cosa? En quien quiere ser radicalmente justo, en ése incluso la mentira se convierte en afabilidad con los hombres.

    ¡En fin, hermanos, cuidad de no ser injustos con ningún eremita! ¡Cómo podría olvidar un eremita! ¡Cómo podría él resarcirse! Cual un pozo profundo es un eremita. Es fácil arrojar dentro una piedra; mas una vez que ha llegado al fondo, decidme, ¿quién quiere sacarla de nuevo? ¡Guardaos de ofender al eremita! Pero si lo habéis hecho, ¡entonces matadlo además! Así habló Zaratustra.

    Tú eres joven y deseas para ti hijos y matrimonio. Pero yo te pregunto: ¿eres un hombre al que le sea lícito desear para sí un hijo? ¿Eres tú el victorioso, el domeñador de ti mismo, el soberano de los sentidos, el señor de tus virtudes? Así te pregunto. ¿O hablan en tu deseo el animal y la necesidad? ¿O la soledad? ¿O la insatisfacción contigo mismo? Yo quiero que tu victoria y tu libertad anhelen un hijo. Monumentos vivientes debes erigir a tu victoria y a tu liberación Por encima de ti debes construir. Pero antes tienes que estar construido tú mismo, cuadrado

    Sea ése el sentido y la verdad de tu matrimonio. Pero lo que llaman matrimonio los demasiados, esos superfluos, - ay, ¿cómo lo llamo yo? ¡Ay, esa pobreza de alma entre dos! ¡Ay, esa suciedad de alma entre dos! ¡Ay, ese lamentable bienestar entre dos!

    ¡No me os riáis de tales matrimonios! ¿Qué hijo no tendría motivo para llorar sobre sus padres? Digno me parecía a mí ese varón, y maduro para el sentido de la tierra: mas cuando vi a su mujer, la tierra me pareció una casa de insensatos.

    Aquél otro buscaba una criada que tuviese las virtudes de un ángel. Pero de una sola vez se convirtió él en criada de una mujer, y ahora sería necesario que, además, se transformase en ángel

    Amargura hay en el cáliz incluso del mejor amor: ¡por eso produce anhelo del superhombre, por eso te da sed a ti, creador! Sed para el creador, flecha y anhelo hacia el superhombre: di, hermano mío, ¿es ésta tu voluntad de matrimonio? Santos son entonces para mí tal voluntad y tal matrimonio. – Así habló Zaratustra.

    Zaratustra aplica ahora al matrimonio el mismo estribillo «pobreza, suciedad y un lamentable bienestar » que antes había aplicado al alma, la felicidad, la razón y la virtud. Véase el Prólogo de Zaratustra, 3.

    Antítesis de lo que dice el Evangelio de Mateo, 19, 6: «... lo que Dios ha unido». El «dios cojo» es una alusión al dios griego Hefesto, que, como se dice en el párrafo anterior, «traba en una red celestial» a su esposa Afrodita y a Ares, al sorprenderlos en adulterio.

    Algunos comentaristas han querido ver en estas cuatro sarcásticas viñetas otras tantas alusiones a cuatro matrimonios amigos de Nietzsche. La identificación es peligrosa e insegura. Es posible que las «vivencias » de Nietzsche al contemplar ciertos matrimonios se expresasen en esos mismos enunciados. Mas, como ocurre en toda esta obra, Nietzsche transpone sus vivencias a un plano general.

    Así se debería aprender a morir; ¡y no debería haber fiesta alguna en que uno de esos moribundos no santificase los juramentos de los vivos! Morir así es lo mejor; pero lo segundo es: morir en la lucha y prodigar un alma grande.

    Demasiados son los que viven, y durante demasiado tiempo penden de sus ramas. ¡Ojalá viniera una tempestad que hiciese caer del árbol a todos esos podridos y comidos de gusanos! ¡Ojalá viniesen predicadores de la muerte rápida! ¡Éstos serían para mí las oportunas tempestades que sacudirían los árboles de la vida! Pero yo oigo predicar tan sólo la muerte lenta y paciencia con todo lo «terreno».

    Ay, ¿vosotros predicáis paciencia con las cosas terrenas? ¡Esas cosas terrenas son las que tienen demasiada paciencia con vosotros, hocicos blasfemos! En verdad, demasiado pronto murió aquel hebreo a quien honran los predicadores de la muerte lenta: y para muchos se ha vuelto desde entonces una fatalidad el que él muriese demasiado pronto.

    ¡Creedme, hermanos míos! Murió demasiado pronto; ¡él mismo se habría retractado de su doctrina si hubiera alcanzado mi edad! ¡Era bastante noble para retractarse! Pero todavía estaba inmaduro. De manera inmadura ama el joven, y de manera inmadura odia también al hombre y a la tierra. Tiene aún atados y torpes el ánimo y las alas del espíritu.

    «El aguijón de la muerte» es expresión bíblica. Véase 1 Corintios, 15, 55: «Muerte, ¿dónde está tu aguijón?» Por contraposición a él, Zaratustra hablará en la tercera parte del «aguijón de la libertad»; véase De tablas viejas, y nuevas.

    Alusión a lo que se dice en el Evangelio de Lucas, 6, 25: «¡Ay de los que ahora reís, porque vais a lamentaron y llorar». En la cuarta parte, Del hombre superior, 16, vuelve Zaratustra a tratar este tema.

    . Llegaron así a una encrucijada: allí Zaratustra les dijo que desde aquel momento quería marchar solo, pues era amigo de caminar en soledad. Y sus discípulos le entregaron como despedida un bastón en cuyo puño de oro se enroscaba en torno al sol una serpiente

    En verdad, yo os adivino, discípulos míos: vosotros aspiráis, como yo, a la virtud que hace regalos. ¿Qué tendríais vosotros en común con gatos y lobos? Ésta es vuestra sed, el llegar vosotros mismos a ser ofrendas y regalos: y por ello tenéis sed de acumular todas las riquezas en vuestra alma.

    Insaciable anhela vuestra alma tesoros y joyas, porque vuestra virtud es insaciable en su voluntad de hacer regalos. Forzáis a todas las cosas a acudir a vosotros y a entrar en vosotros, para que vuelvan a fluir de vuestro manantial como los dones de vuestro amor.

    Con ojos de ladrón mira ése egoísmo todo lo que brilla; con la avidez del hambre mira hacia quien tiene de comer en abundancia; y siempre se desliza a hurtadillas en torno a la mesa de quienes hacen regalos.

    Enfermedad habla en tal codicia, y degeneración invisible; desde el cuerpo enfermo habla la ladrona codicia de ese egoísmo. Decidme, hermanos míos: ¿qué es para nosotros lo malo y lo peor? ¿No es la degeneración? - Y siempre adivinamos degeneración allí donde falta el alma que hace regalos.

    ¡En verdad, ella es un nuevo bien y un nuevo mal! ¡En verdad, es un nuevo y profundo murmullo, y la voz de un nuevo manantial! Poder es ésa nueva virtud; un pensamiento dominante es, y, en torno a él, un alma inteligente: un sol de oro y, en torno a él, la serpiente del conocimiento.

    ¡Permanecedme fieles a la tierra, hermanos míos, con el poder de vuestra virtud! ¡Vuestro amor que hace regalos y vuestro conocimiento sirvan al sentido de la tierra! Esto os ruego y a ello os conjuro.

    ¡No dejéis que vuestra virtud huya de las cosas terrenas y bata las alas hacia paredes eternas! ¡Ay, ha habido siempre tanta virtud que se ha perdido volando! Conducid de nuevo a la tierra, como hago yo, a la virtud que se ha perdido volando - sí, conducidla de nuevo al cuerpo y a la vida: ¡para que dé a la tierra su sentido, un sentido humano! De cien maneras se han perdido volando y se han extraviado hasta ahora tanto el espíritu como la virtud. Ay, en nuestro cuerpo habita ahora todo ese delirio y error: en cuerpo y voluntad se han convertido.

    De cien maneras han hecho ensayos y se han extraviado hasta ahora tanto el espíritu como la virtud. Sí, un ensayo ha sido el hombre. ¡Ay, mucha ignorancia y mucho error se han vuelto cuerpo en nosotros! No sólo la razón de milenios - también su demencia hace erupción en nosotros. Peligroso es ser heredero.

    Vuestro espíritu y vuestra virtud sirvan al sentido de la tierra, hermanos míos: ¡y el valor de todas las cosas sea establecido de nuevo por vosotros! ¡Por eso debéis ser luchadores! ¡Por eso debéis ser creadores! Por el saber se purifica el cuerpo; haciendo ensayos con el saber se eleva; al hombre del conocimiento todos los instintos se le santifican; al hombre elevado su alma se le vuelve alegre.

    Mil senderos existen que aún no han sido nunca recorridos; mil formas de salud y mil ocultas islas de la vida. Inagotados y no descubiertos continúan siendo siempre para mí el hombre y la tierra del hombre.

    Cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras calló como quien no ha dicho aún su última palabra; largo tiempo sopesó, dudando, el bastón en su mano. Por fin habló así: - y su voz se había cambiado.

    Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo. ¿Y por qué no vais a deshojar vosotros mi corona? Vosotros me veneráis: pero ¿qué ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Cuidad de que no os aplaste una estatua!

    ¿Decís que creéis en Zaratustra? ¡Mas qué importa Zaratustra! Vosotros sois mis creyentes, ¡mas qué importan todos los creyentes! No os habíais buscado aún a vosotros: entonces me encontrasteis. Así hacen todos los creyentes: por eso vale tan poco toda fe.

    Y el gran mediodía es la hora en que el hombre se encuentra a mitad de su camino entre el animal y el superhombre y celebra su camino hacia el atardecer como su más alta esperanza: pues es el camino hacia una nueva mañana.

    Nietzsche presenta aquí a Zaratustra seguido por sus discípulos en una situación parecida a la que los Evangelios narran de Jesús. Véase, por ejemplo, el Evangelio de Lucas, 8, 1: «Jesús iba recorriendo una tras otra las ciudades y aldeas, predicando y anunciando la buena nueva del reino de Dios; y con él iban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malos y enfermedades».

    Este bastón, con su simbolismo de la serpiente, alude al cetro de Esculapio, dios de la medicina en la Antigüedad griega. Zaratustra es el médico de las enfermedades de este mundo. Todo este, 1 es un comentario del símbolo del bastón, como puede verse en el párrafo final: «Poder es esa nueva virtud; un pensamiento dominante es, y, en torno a él, un alma inteligente: un sol de oro y, en torno a él, la serpiente del conocimiento». La «serpiente del conocimiento» es concepto que deriva de la Biblia. Véase Génesis, 3, 5.

    La palabra alemana Notwendigkeit (necesidad) está compuesta de Not (necesidad, en el sentido de menesterosidad, «necesidades») y Wende (viraje). Nietzsche separa estos dos componentes y reali za un juego de palabras muy difícil de verter al castellano. Se trata, sin embargo, de un concepto central de Nietzsche. El texto alemán dice así: Wenn Ihr Eines Willens Wollende seid, und diese Wende aller Not euch Notwendigkeit heisst. Como acaba de decirse, la palabra Not significa: necesidad, menesterosidad; y Wende, viraje, en el sentido de dar la vuelta, volver una cosa hacia atrás, rechazarla y apartarla haciéndola girar. De aquí que a aquello que (ab)wendet (aparta) una Not (necesidad) se lo empezase a llamar en alemán, en el siglo XVI, notwendig (necesario). Se da, pues, la paradoja de que se llama necesario (notwendig) a lo que aleja de nosotros (wenden) la necesidad (Not). Seguramente ahora podrá comprenderse mejor la frase de Nietzsche. Zaratustra dice: vuestra «necesidad» (Notwendigkeit) debe consistir en que vuestra voluntad (Wille), siendo una sola voluntad, constituya el viraje (Wende) de la necesidad, de la menesterosidad (Not). Lo que el hombre necesita es rechazar la necesidad, lo cual se realiza teniendo una sola voluntad. Lutero no conoce aún la palabra Notwendigkeit, cuya historia en el idioma alemán es bastante complicada.

    «Pueblo elegido»: concepto bíblico para designar a Israel. Véase el Salmo 105, 43. Zaratustra establece aquí una antítesis entre «los que se han elegido a sí mismos» y «los elegidos por Dios».

    Alusión a la fábula narrada por Aristóteles en su Poética (1452 s 7-10): «También lo fortuito nos maravilla más cuando parece hecho de intento, por ejemplo cuando la estatua de Mitis, en Argos, mató al culpable de la muerte de Mitis, cayendo sobre él mientras asistía a un espectáculo».

    En Ecce homo, cita Nietzsche el pasaje que va desde «Ahora yo me voy solo...» hasta aquí para indicar que Zaratustra no es un «sabio», ni un «santo», ni un «redentor del mundo» a la manera usual.

    «El gran mediodía»: primera aparición de este importante concepto en esta obra. Zaratustra lo describe a grandes rasgos en el párrafo siguiente. Véase también, en la tercera parte, De la virtud empequeñecedora, 3, Del pasar de largo, De los tres males, 2, De tablas viejas y nuevas, 3, y 30; y en la cuarta parte, Del hombre superior, 2, y El signo.






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